viernes, 14 de enero de 2011

La cata del Frenadol




ESTE año, la cosecha de Frenadol no ha estado a la altura. Y es preocupante, porque tiene más fans que la sidra. Su consumo es altísimo y si se baja la guardia corremos el riesgo de perder a las nuevas generaciones, más partidarias del Red Bull y tente tieso. Alguien en el Departamento de Sanidad debería ponerse las pilas y dar a los antigripales ese marchamo de calidad que se supone a todos los productos vascos, desde la euskal oiloa hasta los calzoncillos de lana latxa. ¿Para cuándo un paracetamol vasco con label? ¿O tendremos que resignarnos a ir por ahí moqueando de cualquier forma, como si tomáramos medicamentos de gama blanca?

He realizado bastantes catas del antigripal en los últimos días y en absoluto me han dejado satisfecho. Si bien su color, con tonalidades ambarinas, sigue dando la talla, no puedo decir lo mismo de su disolución, un tanto anticuada comparada con la del Efferalgan, cuya tormenta de nieve acompañada de siseo y burbujas saltarinas es todo un espectáculo capaz de transportar a una mente febril a paraísos alpinos inexplorados. En nariz, ambos se comportaron de forma similar: no huelen a nada. En cuanto a la embocadura y el retrogusto, esperaba más de la clorfenamina, el dextrometorfano, la polividona y el sorbitol, pero pasaron por mi garganta sin dejar rastro. Curiosamente, lo mismo que unos callos con chorizo que comí después. La experiencia, no obstante, me permitió catar unos estupendos antiácidos y antivomitivos de los que les hablaré otro día. Cuídense.

Josetxu Rodríguez