jueves, 23 de marzo de 2017

¿Verdadero o falso?


ES sorprendente, pero a los lectores de noticias en Internet les gustan más las falsas que las reales. Y tiene su explicación. Enfréntese usted a la crónica de la tramitación de la ley de estiba y desestiba en el Congreso y en veinte segundos habrá sufrido una crisis de bostezos compulsivos. Eso no sucede cuando descubre titulares que afirman que Rivera quiere recuperar la mili o que el arzobispo de Toledo recuerda que “zurdos y pelirrojos son criaturas de Satán”. Para que se hagan una idea, en el Estado, solo tres noticias de los cinco medios informativos con más tráfico en Internet alcanzaron las 100.000 interacciones el último mes. La del arzobispo superó de largo las 500.000 y se la había inventado un jovenzuelo en su blog. 
La mayoría de los bulos viajan por las redes sociales a la velocidad de la luz y todos acaban en una página llena de publicidad que hace el negocio. Caen en ellas personas de todo tipo y condición y muchas de las veces interiorizan el engaño. Pujol puede acabar con la democracia si habla, la vacuna triple vírica provoca autismo, El Corte Inglés vende uniformes al Estado Islámico. Todo vale para cazar su clic. El problema es cuando la gente deja de vacunar al niño, cambia su intención de voto o alimenta su xenofobia con información ficticia. Llegado a este punto, quizá merezca la pena invertir 1,40 euros y asegurarse de que nuestras decisiones vitales se basan en hechos y datos ciertos. ¿No creen?
Josetxu Rodríguez @caducahoy

martes, 14 de marzo de 2017

La tele es de la CIA



HACE tiempo que sospechaba que el tío del telediario nos vigilaba. Es más, llegué a pensar que era un muñeco que carecía de piernas y que se nos metía en casa para seguir nuestro deambular por la estancia con esa inquietante mirada de gioconda que te observa allá donde vas. Él simulaba que leía las noticias, pero los abuelos, veteranos de guerra y de posguerra, le tenían mucho respeto porque consideraban que estaba allí para pasar revista, como un coronel chusquero. Por eso le daban las buenas noches como si fuera un realquilado con el que era mejor llevarse bien. Eso me impresionaba. Una vez soñé que en realidad era Franco disfrazado de civil y que la presentadora del tiempo era “la collares” que, como la vieja del visillo, escudriñaba entre las 625 líneas del Telefunken para ver si teníamos el cuadro de la última cena colgado en el comedor. 
Ahora, la pesadilla es real y el televisor ha sido ocupado por un señor de la CIA que nos analiza por si algún día tienen que separar el grano de la paja con un dron teledirigido. El miércoles pasado le oí estornudar y se me escapó un “¡jesús!” que fue respondido con un “thank you”. Desde ese día le he instalado al plasma unas gruesas cortinas correderas. ¿Será la CIA capaz de espiar a través de la cretona? Si es así, colocaré la tele con la pantalla cara a la pared. Mi tío lo hizo hace diez años y jura que nunca se ha sentido tan libre y seguro. Como lo oyen.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

viernes, 3 de marzo de 2017

La vida según el pequeño Donald T.




DONALD, te dije que pusieras el lavavajillas. 
-Y lo he puesto, mom. 
-No, no lo has hecho. Es evidente. Si no, ¿por qué los platos siguen apilados en el fregadero? 
-Pues, porque estaban sucios y el lavavajillas limpio y no he querido mancharlo. 
-Entonces, ¿por qué mientes? 
-No he mentido, mom. Tengo intención de hacerlo. Algún día. En el futuro. Podría decirse que es una posverdad, lo que pasa es que todavía no se ha cumplido. Hay que darle más tiempo. 
-En resumen, que al final tendrá que ocuparse tu hermana.
-Eso es lo de menos. De hecho, esta mañana me he fotografiado delante de los platos sucios y lo he tuiteado para que todo el mundo sepa que me iba a encargar de esa dura tarea, que hay que arrimar el hombro en casa y que el trabajo dignifica al hombre y hace santo un hogar y grande a una nación. Más tarde he enviado la foto del lavavajillas vacío para demostrar que el trabajo estaba terminado. Ha sido retuiteada miles de veces y me ha felicitado muchísima gente. 
-¡Pero si no has hecho nada! Los platos siguen en la pila amontonados. 
-Eso carece de importancia, mom. Son hechos alternativos. Están lavados y no están lavados. Ambas realidades se irán ajustando en el futuro, ya lo verás. Yo ya he hecho mi parte, la más difícil, tomar la decisión y difundirla. Ejecutar la tarea no tiene mérito. Es una labor mecánica. Hasta un inmigrante sin papeles puede realizarla mientras preparan su expulsión. ¿Ok, mom?

Josetxu Rodríguez
@caducahoy

sábado, 25 de febrero de 2017

¿23F? Pues no me suena de nada...


EL 23 de febrero de 1981, a las 18.23 horas, estaba en una ferretería de Bilbao comprando brocas. Iba a casarme y ningún hombre puede hacerlo sin tener el ajuar bricolajero en estado de revista. En la radio del establecimiento se oía la letanía de la investidura de Calvo Sotelo. De pronto, se escucharon disparos y la voz entrecortada del locutor de la Ser explicó que un teniente coronel había subido al estrado pistola en mano.

 Se me pusieron de corbata. Como cada lunes, había quedado en el Cineclub FAS con unos amigos, pero permanecí metido en el coche pegado a la radio hasta que empezó a emitir música militar. En la calle, la gente paseaba despreocupada por los Jardines de Albia. A punto estuve de entrar en la sala, interrumpir la película y sugerir a todos que corrieran a casa a quemar papeles o al puerto a coger un barco. Pero no lo hice y dejé que disfrutaran un poco más de su ignorancia. 

Para entonces, el general Milans del Bosch había declarado el estado de excepción y los tanques empezaban a ocupar Valencia. Llamé al periódico para ofrecer mi ayuda y, de paso, enterarme de si los tanques eran de los buenos o de los malos. “No lo sabemos, pero tenemos dos policías armados en la puerta”, contestó una veterana redactora con un hilo de voz. 

Ayer, pregunté a dos jóvenes de qué les sonaba el 23-F. “Es el día que publicaron el sexto libro de Harry Potter”, respondió uno. ¡Cómo les envidio! Aunque no sé qué coño van a contar a sus nietos cuando los tengan.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

martes, 21 de febrero de 2017

El diputado ficus



SE lo digo como lo siento: cuando hablamos de animales, si me dan a elegir entre un perro y un diputado, me quedo con el primero sin dudar. Pensarán que estoy loco, pero tendrán que reconocer que un can es infinitamente más fiel que ese señor al que le das tu voto, le pones un despacho y una pensión privilegiada y, al día siguiente, si te he visto, no me acuerdo. En eso se parecen a los gatos, aunque los gatos son más limpios y no airean sus detritus en televisión. 
Traigo este tema a colación ahora que el Congreso intenta cambiar la legislación para que los animales no sean considerados cosas y tratados como tales en un embargo o divorcio. Será un paso más que nos acerque a Europa y nos permita llegar algún día a la meta, que ya está bien. Y de paso, aprovechar la ocasión para añadir un anexo y dejar de considerar plantas a los diputados de las últimas filas del hemiciclo, que apenas se diferencian de los ficus del pasillo en que a veces votan a toque de silbato, ya sea con las manos o con las patas, que de todo hay. Está por ver si esta acción es refleja, como la del perro de Pavlov, y la realizan dormidos. 
Mientras, en las primeras filas, los debates son a cara de perro y gana quien más ladra. Llegará el día en que alguien expondrá un argumento y será detenido por insurgente. Una idea suelta por ahí es un peligro público: puede emparejarse con una reflexión y criar una iniciativa que resuelva algo. ¡Dios no lo quiera! Si España fuera el Titanic, la mayoría aplaudiría al iceberg. Y lo saben.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

lunes, 13 de febrero de 2017

Champiñón y míster Hyde


 




HASTA hace un mes desayunaba mientras echaba un vistazo a los informativos de televisión, pero, desde que aparece el presidente de Estados Unidos lo he dejado porque se cortaba la leche del café. Ahora prefiero la literatura de terror y, en especial, el subgénero de las etiquetas alimentarias. Estoy enganchado, oigan. No saben cómo disfruto cogiendo unos cuantos paquetes, botes y latas del armario de la cocina, diseminándolos por la mesa y examinando su contenido. Por ejemplo, en la crema de champiñones ves en la foto la sopera humeante, con la mano de la abuelita, que vive en el caserío y que ha recolectado los hongos uno a uno en la campa de al lado y los ha metido en el bolso del delantal de cuadros para cocinarlos, y se te hace la boca agua. Luego das la vuelta al envase y descubres con un escalofrío que está elaborada con crema de harina, almidón, glutamato, fécula de patata, sal y 1,2% de champiñón. Pasas al sobre de la pechuga de pavo y ves que solo el 40% es pavo y que el resto pueden ser plumas y se te erizan los pelos. El sumun son las cremas achocolatadas. Pronto exigirán para comprarlas que firmes un pliego de conformidad con sus efectos. Lo que en la portada es natural, artesanal, ecológico y casero, se convierte por detrás en aceite de palma, azúcar, antiaglomerante, almidón, huevina, excipientes y grasas saturadas. Dicen los chinos: “No mires lo que comes o no comerás”. Salvo que disfrutes con el doctor Jekyll y míster Hyde, claro.
@caducahoy

viernes, 10 de febrero de 2017

Explosión en una central nuclear francesa: tranquilos, la culpa la tuvo el queso




TIENE bemoles lo mal pensada que es la gente. Se enteran de la explosión en la sala de máquinas de una central nuclear en Francia y se lanzan cuerpo a tierra en El Arenal mientras se encasquetan la txapela hasta la boca. Por eso, cuando se produce este tipo de hechos sin importancia, lo mejor es informar. Y cuanto más, mejor. El incidente se debió a la explosión de la tartera de un operario amante del Époisses de Borgogne, uno de los quesos franceses más pestilentes. Llevaba tres días en el recipiente y con el calor y la fermentación comenzó a liberar electrones. Bueno, en realidad, salieron huyendo, lo que provocó un inicio de fusión termonuclear láctea de pequeño formato. Una especie de bomba atómica minimalista, vamos. Se registraron cinco heridos, pero no por la explosión, sino por el olor. Tanto es así que los franceses están estudiando si este queso podría reemplazar al uranio en el futuro. 
En su línea, el Consejo de Seguridad Nuclear español ha querido recordar que tanto nuestras centrales nucleares como las lecheras juegan en la Champions de la Liga Atómica, y que los accidentes, además de ser imposibles, son poco probables. De hecho, si ocurren, que ocurrirán, será debido a la mala suerte. Por eso llaman a la tranquilidad, ya que la contaminación radioactiva no dura cientos de miles de años como se pensaba, sino solo decenas de miles, lo que muestra un horizonte mucho más esperanzador. Además, aquí no desayunamos queso, sino torreznos. Y eso su pone un menor riesgo
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

viernes, 3 de febrero de 2017

Aquellas filminas... qué tortura!



EL domingo, mientras construía un refugio anti-Trump en la ganbara, me topé de bruces con el proyector de diapositivas. Qué susto, oiga. Estaba bajo medio quintal de discos de vinilo, junto a la pantalla y el puntero de luz, ese humilde precursor de la espada láser de Obi-Wan Kenobi. 
Sentí un fuerte calambre emocional y, durante unos segundos, me teletransporté a una de aquellas maratonianas sesiones en las que nos saturaban con fotos de bodas, viajes a Salamanca o colecciones de setas. Daba igual lo que proyectaran, todo era un empacho. Y así, lo que comenzó como una forma estimulante de disfrutar de las imágenes en gran formato se convirtió en una tortura que alcanzaba su clímax con la mítica frase: “Y aquí se aprecia cómo el león ataca al elefante que lleva a los seis turistas alemanes en el lomo. Lo que pasa es que solo se ve un borrón negro porque era de noche, yo estaba nervioso y olvidé quitar la tapa del objetivo”. “¡Impresionante!”, exclamábamos todos al unísono lamentando que el león no le hubiera arrancado la cámara de las manos. 
Mi hija, que me encontró ensimismado en estos pensamientos, preguntó qué era ese artilugio que sostenía en las manos. “Un sistema óptico de proyección lumínica que, conectado al home cinema, unas velas olorosas y unos tequilas, produce una estimulación audiovisual envolvente y olfativa que te hace salivar de gusto. Mucho mejor que las gafas 3D. Y está en venta”. “¡Te lo compro!”. “¡Adjudicado!”.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

viernes, 27 de enero de 2017

Cuando el retrete es más listo que tú



LAS compañías japonesas han creado una serie de iconos para enseñar a los extranjeros a utilizar sus inodoros. En este aspecto, los nipones son tan sibaritas como en costumbres gastronómicas. Solo ellos son capaces de envolver un dedal de arroz con una tirita de algas, ponerle una uña de pescado crudo, bautizarlo como sushi y cobrarlo a precio de caviar beluga. Si eso no es I+D+I+IVA, que venga Ferran Adriá y lo deconstruya. Es verdad que en Euskadi hemos aprendido la lección y les pisamos los talones con esa torta de harina de maíz que denominamos talo y que pronto empezará a cotizar en el Ibex 35, pero, en lo que respecta a sanitarios, ellos siguen jugando en las grandes ligas. Ni siquiera Trump, que se alivia en un trono de oro, llega a su nivel. Si los comparamos con un retrete nipón, distan mucho de ser inteligentes. Ambos. El evacuatorio oriental detecta cuando entras, te saluda, abre la tapa, calienta el asiento y espera a que te sientes mientras activa un panel de mandos con más botones que la cabina de un avión de Ryanair. Tuve la ocasión de utilizarlos en un viaje a Tokio y la experiencia es difícil de olvidar. Y también peligrosa, ya que son capaces de soltar chorros de agua y aire con efectos de luz y sonido similares a las fuentes de Montjuïc. Por eso, es de vital importancia saber controlar la temperatura y presión para no acabar con los huevos escalfados o sufrir un lavado de colon inesperado. Por lo demás, una gozada. Roca, a ver cuándo te pones las pilas.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

lunes, 23 de enero de 2017

Nik espikininglis



LA mitad de los vascos, según dice el estudio realizado por la Cambridge University Press, confesamos que no llegamos a un nivel medio de conocimiento del inglés. Y creo que, de la otra mitad, la mitad miente. Pese a ello, no hay que ser pesimista. De hecho, todos somos capaces de leer con precisión cualquier idioma extranjero que se ciña a los caracteres latinos y no escriba con garabatos, como el árabe, glagolítico o tamil. Otra cosa es que al pronunciarlo no nos entienda nadie y no sepamos lo que decimos, pero cumplimos una de las tres condiciones para comunicarse con el imperio lingüístico del Brexit, que no es moco de pavo para ser autodidactas. 
Aún así, no llegamos al aprobado y tras el Informe PISA es un lujo que no podemos permitirnos. Y menos en Euskadi, donde la lengua y la lingüística es una de las industrias del país. Encauzado el euskera, las instituciones llevan años poniéndonos deberes y bautizan en la lengua de Shakespeare todo lo que se menea con más afán didáctico que el British Council. El pistoletazo de salida lo dio el Bilbao Exhibition Centre, que pese a su rimbombante nombre era una feria de muestras que ni estaba en Bilbao ni en el centro. Desde entonces ha llovido mucho, sobre todo, el martes, y ahora no hay chichiflí que no lleve un palabro en inglés. El último, el Txistorra Encounter Forum. Tres idiomas para una simple barbacoa. Ya les vale.

Josetxu Rodríguez
@caducahoy