sábado, 26 de noviembre de 2016

Estoy del Black hasta el friday

  Estoy del Black hasta el friday. Llevan un mes taladrándome la cabeza con este viernes consumista que espero dé paso pronto a un sábado sabadete, a un plácido domingo y, como es de esperar, a un maldito lunes. Al fin y al cabo, no deja de ser un jueves día de globos parahipster insatisfechos, frikis tecnoapáticos, cuñados con ínfulas y mariladys con falta de autoestima y presupuesto. Lo que fue una tímida invitación a comprar con algún descuento se ha convertido en un tsunami de promociones en el que no faltan las bragas princesa, los chinos cudeiros y hasta los envasados de talo con almejas. Y es tal el furor que provoca esta saturación publicista que empiezo a pensar que seré el único gilipuertas que no aprovechará la ocasión para ahorrar un montón gastando más de lo debido. Como en la paradoja del queso de gruyere que, cuanto más queso adquieres, más agujeros;y cuantos más agujeros, menos queso adquieres. Reconozco que he llegado a una edad que más que comprar me dedico a descomprar. A este estado de plenitud se llega tras una dilatada vida de acaparamiento de objetos inútiles que da paso a una etapa posterior en la que nos agenciamos cajas para almacenar lo acumulado. Y una tercera, en la que me encuentro, que se caracteriza porque regalamos o tiramos esas cajas sin ni siquiera abrirlas. Ahora miro los escaparates como se mira una colección de mariposas disecadas. Admiro la belleza de sus alas sabiendo ya que no sirven para nada.

Jsetxu Rodríguez @caducahoy


lunes, 21 de noviembre de 2016

El auto bueno puede ser un mal conductor


SE lo digo desde ahora. No subiré a un coche autónomo ni aunque me lo regalen. Y no porque pueda decidir estrellarse contra un árbol antes que atropellar a un grupo de ciclistas o lanzarse por un terraplén si ve que un autobús escolar ha invadido el carril por donde circula. Son situaciones extremas que tendrán que resolver el ejército de programadores que se afanan en instalarle un código ciberético que sea asumible para quien lo compre. Mi rechazo se basa más en la incapacidad que les auguro para conducir de forma eficaz en este mundo agresivo y egoísta en el que la educación supone una desventaja social, como afirma Keanu Reeves.
Si la cosa no cambia, veo un futuro lleno de usuarios de vehículos autónomos muertos de inanición en las rotondas mientras esperan que algún conductor humano les ceda el paso. ¿Qué harán estos utilitarios que cumplen todas las normas de tráfico cuando los peatones empiecen a insultarlos y a zarandearlos? ¿Aparcar en la cuneta para sollozar o llevarán de serie algún dispositivo taser para defenderse del acoso? Si a una expendedora de bollos se la patea cuando se traga una moneda, ¿qué no sufrirán estas almas cándidas de la carretera nacidas sin maldad? Quizá necesiten llevar de serie al volante un maniquí malencarado para hacerse respetar. O una pegatina en la que pueda leerse bien clarito: ¡Cuánta gente para atropellar y qué vida más corta. Yo voté a Trump. Puede que así, sí.

Josetxu Rodríguez.      @caducahoy

viernes, 18 de noviembre de 2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

Carta a un poeta de retrete


Uno de tantos retretes ilustrados
ESTIMADO poeta anónimo. He quedado muy impresionado con el verso que dejó usted grabado en la pared del retrete del bar que frecuento. Permítame recordárselo: "Aquí follé con Leire". Reconozco que lo leí en un momento en el que resultaba difícil prestar atención a algo que no fuera la tarea que me ocupaba y, aun así, me impresionó vivamente e hizo volar mi imaginación a lugares y tiempos remotos. Sobre todo, porque es asombroso que pudiera acoplarse a Leire en un cubículo tan reducido que, a día de hoy, obliga a desabrocharse la bragueta antes de entrar en él.
 Su capacidad de síntesis para expresar la pasión, el desenfreno, el fulgor de la fluorescente y el éxtasis final está fuera de duda y conmovió mi espíritu en lo más profundo. No obstante, y dado que ya controla usted la técnica para emocionarme y emocionar a Leire, permítame aconsejarle sobre algunos aspectos que, en mi humilde opinión, podrían ayudarle a perfeccionar la larga carrera que le auguro en la literatura parietal contemporánea. La próxima vez expláyese algo más. Sus lectores estamos ávidos de saber quién es Leire o qué es. ¿Una mujer, un ente dilucidado, un hámster? Entre Cincuenta sombras de Grey y un tuit hay muchos géneros para desarrollar. Y muchos retretes por ilustrar. Explórelos y háganos felices. Ah, y salude a Leire, la contorsionista, de mi parte.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

lunes, 7 de noviembre de 2016

Abandono el grupo de whatsAPP


 

NUNCA, y cuando digo nunca quiero decir por el momento, volveré a pertenecer a un grupo de WhatsApp que me tenga como miembro. Ya he sufrido bastante. Al principio lo cogí con gusto, ya saben, la camarilla de padres histéricos que hacen los deberes a los niños y barbacoas multitudinarias los domingos. Aguanté dos semanas y lo abandoné para crear el de bullying, acoso y derribo del maestro, mucho más eficaz, porque dejó de poner tareas. 
Solucionado el problema, pasé al deporte escolar. Los dos primeros fines de semana, bien, pero el tercero Nerea metió un gol y su padre nos envió doscientas fotos y siete vídeos en calidad 4K. Fundió tres teléfonos móviles de Euskaltel y la red estuvo caída durante seis horas. Hasta llamaron los americanos porque pensaban que había sido un ataque ruso. Cambié de ambiente y conseguí colarme en el de las amigas de mi mujer, que tenían excluida a mi mujer para poder criticarla. Había como 400 mensajes diarios y no me enteraba de nada. Una vez les pedí que me hicieran un resumen y me enviaron 512 respuestas.
No duré mucho, porque descubrí que el grupo lo había creado mi amante esposa suplantando a una de mis exnovias para ver qué decíamos de ella en la intimidad. Tras esta experiencia traumática, pedí el ingreso en el club wasapero de los corazones solitarios. Me admitieron al mismo tiempo que todos lo abandonaban. Y la verdad, no sé si son muy consecuentes o unos cabronazos. Ya les contaré.
@caducahoy