sábado, 15 de abril de 2017

Trimp, Tramp y Tromp

Trump nuclear

LOS que estamos bien informados lo sabemos: hace tiempo que la Tierra fue invadida por los ladrones de cuerpos, esos entes que llegaron del espacio exterior para colonizarnos. Abducen tanto a personas ilustres como a nuestros cuñados o, incluso, a miembros de nuestra familia, y los dirigen a su antojo como si fueran marionetas locas. Ocurrió con Felipe González. Acababan de llegar al planeta y les gustó su estilo de buen chico, estudiado, con labia y sin coleta. Se hicieron con él y, de la noche a la mañana, era presidente del Gobierno y pasó del “OTAN, no” al “Vamos a entrar y, luego, si eso, ya nos saldremos”. 

Desde entonces, los ladrones de cuerpos se han extendido y no solo los roban, también los clonan para colocarlos en más países y crear el caos. Ahí están Trimp, Tramp y Tromp, los tres mandatarios de EE. UU., un experimento fallido. Los crearon para usarlos después en Inglaterra, Alemania y Francia, pero cada uno va a su bola y no hay quien los controle: mientras uno hace negocios con Putin, el otro dispara misiles y "superbombas" como si fueran fuegos artificiales. El tercero persigue por los pasillos a Melania, que no quiere vivir en la Casa Blanca con un zombi, porque el Trump real se rompió y está enterrado en los cimientos del último hotel. Visto el fiasco, ahora lo van a intentar con Rajoy, que ha conseguido llevar a España al siglo pasado. Las elecciones les dan igual a los ultracuerpos, pero les interesa mucho los viajes en el tiempo. En eso, Mariano es un especialista.
Josetxu Rodríguez  @caducahoy

martes, 11 de abril de 2017

El amigo inglés y el Brexit




MI amigo es un inglés de libro. Podría entenderse Inglaterra observando a mi amigo inglés, lo mismo que pueden conocerse los océanos meditando sobre una gota de agua. Alto, rubio, espigado, con pantalones planchados y calcetines para ir a la playa. Se casó con una chica de Bilbao que comenzó a traerlo de vacaciones a la Península para que se le secaran los zapatos y perdiera ese color lechoso que tenía su piel. 
Fuimos congeniando poco a poco, saltando la barrera del idioma como podíamos. Yo le explicaba los chistes de bilbainos con señas y él me recitaba a Shakespeare con ese tono que solo pueden dar siglos de declamación escolar. Alucinaba con nuestros horarios, la comida, los gritos, la siesta y las fiestas. Y yo con su vida ordenada, el té, que por la noche metiera los zapatos en una horma y que fuera simpatizante de la Thatcher. 
Con los años llegamos a querernos e intercambiamos costumbres, semillas y un amor incondicional por la naturaleza. Me hizo albacea de su hijo y eso nos unió aún más. Hace unos meses su mujer me preguntó qué queríamos que votara en el referéndum sobre el Brexit y, acto seguido, se manifestó harta de que la UE le dijera de qué tamaño tenían que ser los pepinillos que echaba a la ensalada. Conociéndolos, creo que eso era imperdonable.
Se han cometido errores en Londres y en Bruselas, pero me da igual. Nuestra amistad está por encima de las fronteras y esa es la mejor forma de crear una Europa más Unida.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

martes, 28 de marzo de 2017

¿Telemisa o Teletienda?




ME estoy aficionando a la misa televisada, ya ven ustedes. Y no tengo ninguna necesidad, porque ya asistí en los Escolapios a todas las que me correspondían de por vida. No dejes para mañana lo que te obligan a hacer hoy era mi lema. Así que acumulé suficientes como para permitirme ser ateo hasta los 110 años. Pero, dada la campaña contra este programa matinal, me he visto unos cuantos y me parece mucho más digno que la Teletienda y sus productos milagro o los teleadivinos que ven el futuro en una vela con forma de pera comprada en los chinos. 
Ahora que la tercera edad está llegando a la cuarta y no está para muchos trotes, mejor que se queden en casa los domingos, que se lo han ganado. Sobre todo, porque las iglesias no hay quien las caliente y una neumonía es muy mala. Además, no hay curas ni monaguillos. Como mucho, algún turista despistado. 
La telemisa es una buena alternativa. Solo falta que la emitan en 3D y que pueda enviarse la limosna a través de beIN Sports. Es verdad que no se puede comulgar, pero creo que Amazon está en condiciones de ponerte un párroco en casa en menos de dos horas. Y si no es posible, un dron en forma de paloma para darte la absolución. Los críticos dicen que la cadena pública debe ofrecer contenidos culturales que favorezcan la diversidad, la pluralidad y el libre albedrío. Estoy totalmente de acuerdo: ¡Que quiten los telediarios!
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Verdadero o falso?


ES sorprendente, pero a los lectores de noticias en Internet les gustan más las falsas que las reales. Y tiene su explicación. Enfréntese usted a la crónica de la tramitación de la ley de estiba y desestiba en el Congreso y en veinte segundos habrá sufrido una crisis de bostezos compulsivos. Eso no sucede cuando descubre titulares que afirman que Rivera quiere recuperar la mili o que el arzobispo de Toledo recuerda que “zurdos y pelirrojos son criaturas de Satán”. Para que se hagan una idea, en el Estado, solo tres noticias de los cinco medios informativos con más tráfico en Internet alcanzaron las 100.000 interacciones el último mes. La del arzobispo superó de largo las 500.000 y se la había inventado un jovenzuelo en su blog. 
La mayoría de los bulos viajan por las redes sociales a la velocidad de la luz y todos acaban en una página llena de publicidad que hace el negocio. Caen en ellas personas de todo tipo y condición y muchas de las veces interiorizan el engaño. Pujol puede acabar con la democracia si habla, la vacuna triple vírica provoca autismo, El Corte Inglés vende uniformes al Estado Islámico. Todo vale para cazar su clic. El problema es cuando la gente deja de vacunar al niño, cambia su intención de voto o alimenta su xenofobia con información ficticia. Llegado a este punto, quizá merezca la pena invertir 1,40 euros y asegurarse de que nuestras decisiones vitales se basan en hechos y datos ciertos. ¿No creen?
Josetxu Rodríguez @caducahoy

martes, 14 de marzo de 2017

La tele es de la CIA



HACE tiempo que sospechaba que el tío del telediario nos vigilaba. Es más, llegué a pensar que era un muñeco que carecía de piernas y que se nos metía en casa para seguir nuestro deambular por la estancia con esa inquietante mirada de gioconda que te observa allá donde vas. Él simulaba que leía las noticias, pero los abuelos, veteranos de guerra y de posguerra, le tenían mucho respeto porque consideraban que estaba allí para pasar revista, como un coronel chusquero. Por eso le daban las buenas noches como si fuera un realquilado con el que era mejor llevarse bien. Eso me impresionaba. Una vez soñé que en realidad era Franco disfrazado de civil y que la presentadora del tiempo era “la collares” que, como la vieja del visillo, escudriñaba entre las 625 líneas del Telefunken para ver si teníamos el cuadro de la última cena colgado en el comedor. 
Ahora, la pesadilla es real y el televisor ha sido ocupado por un señor de la CIA que nos analiza por si algún día tienen que separar el grano de la paja con un dron teledirigido. El miércoles pasado le oí estornudar y se me escapó un “¡jesús!” que fue respondido con un “thank you”. Desde ese día le he instalado al plasma unas gruesas cortinas correderas. ¿Será la CIA capaz de espiar a través de la cretona? Si es así, colocaré la tele con la pantalla cara a la pared. Mi tío lo hizo hace diez años y jura que nunca se ha sentido tan libre y seguro. Como lo oyen.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

viernes, 3 de marzo de 2017

La vida según el pequeño Donald T.




DONALD, te dije que pusieras el lavavajillas. 
-Y lo he puesto, mom. 
-No, no lo has hecho. Es evidente. Si no, ¿por qué los platos siguen apilados en el fregadero? 
-Pues, porque estaban sucios y el lavavajillas limpio y no he querido mancharlo. 
-Entonces, ¿por qué mientes? 
-No he mentido, mom. Tengo intención de hacerlo. Algún día. En el futuro. Podría decirse que es una posverdad, lo que pasa es que todavía no se ha cumplido. Hay que darle más tiempo. 
-En resumen, que al final tendrá que ocuparse tu hermana.
-Eso es lo de menos. De hecho, esta mañana me he fotografiado delante de los platos sucios y lo he tuiteado para que todo el mundo sepa que me iba a encargar de esa dura tarea, que hay que arrimar el hombro en casa y que el trabajo dignifica al hombre y hace santo un hogar y grande a una nación. Más tarde he enviado la foto del lavavajillas vacío para demostrar que el trabajo estaba terminado. Ha sido retuiteada miles de veces y me ha felicitado muchísima gente. 
-¡Pero si no has hecho nada! Los platos siguen en la pila amontonados. 
-Eso carece de importancia, mom. Son hechos alternativos. Están lavados y no están lavados. Ambas realidades se irán ajustando en el futuro, ya lo verás. Yo ya he hecho mi parte, la más difícil, tomar la decisión y difundirla. Ejecutar la tarea no tiene mérito. Es una labor mecánica. Hasta un inmigrante sin papeles puede realizarla mientras preparan su expulsión. ¿Ok, mom?

Josetxu Rodríguez
@caducahoy

sábado, 25 de febrero de 2017

¿23F? Pues no me suena de nada...


EL 23 de febrero de 1981, a las 18.23 horas, estaba en una ferretería de Bilbao comprando brocas. Iba a casarme y ningún hombre puede hacerlo sin tener el ajuar bricolajero en estado de revista. En la radio del establecimiento se oía la letanía de la investidura de Calvo Sotelo. De pronto, se escucharon disparos y la voz entrecortada del locutor de la Ser explicó que un teniente coronel había subido al estrado pistola en mano.

 Se me pusieron de corbata. Como cada lunes, había quedado en el Cineclub FAS con unos amigos, pero permanecí metido en el coche pegado a la radio hasta que empezó a emitir música militar. En la calle, la gente paseaba despreocupada por los Jardines de Albia. A punto estuve de entrar en la sala, interrumpir la película y sugerir a todos que corrieran a casa a quemar papeles o al puerto a coger un barco. Pero no lo hice y dejé que disfrutaran un poco más de su ignorancia. 

Para entonces, el general Milans del Bosch había declarado el estado de excepción y los tanques empezaban a ocupar Valencia. Llamé al periódico para ofrecer mi ayuda y, de paso, enterarme de si los tanques eran de los buenos o de los malos. “No lo sabemos, pero tenemos dos policías armados en la puerta”, contestó una veterana redactora con un hilo de voz. 

Ayer, pregunté a dos jóvenes de qué les sonaba el 23-F. “Es el día que publicaron el sexto libro de Harry Potter”, respondió uno. ¡Cómo les envidio! Aunque no sé qué coño van a contar a sus nietos cuando los tengan.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

martes, 21 de febrero de 2017

El diputado ficus



SE lo digo como lo siento: cuando hablamos de animales, si me dan a elegir entre un perro y un diputado, me quedo con el primero sin dudar. Pensarán que estoy loco, pero tendrán que reconocer que un can es infinitamente más fiel que ese señor al que le das tu voto, le pones un despacho y una pensión privilegiada y, al día siguiente, si te he visto, no me acuerdo. En eso se parecen a los gatos, aunque los gatos son más limpios y no airean sus detritus en televisión. 
Traigo este tema a colación ahora que el Congreso intenta cambiar la legislación para que los animales no sean considerados cosas y tratados como tales en un embargo o divorcio. Será un paso más que nos acerque a Europa y nos permita llegar algún día a la meta, que ya está bien. Y de paso, aprovechar la ocasión para añadir un anexo y dejar de considerar plantas a los diputados de las últimas filas del hemiciclo, que apenas se diferencian de los ficus del pasillo en que a veces votan a toque de silbato, ya sea con las manos o con las patas, que de todo hay. Está por ver si esta acción es refleja, como la del perro de Pavlov, y la realizan dormidos. 
Mientras, en las primeras filas, los debates son a cara de perro y gana quien más ladra. Llegará el día en que alguien expondrá un argumento y será detenido por insurgente. Una idea suelta por ahí es un peligro público: puede emparejarse con una reflexión y criar una iniciativa que resuelva algo. ¡Dios no lo quiera! Si España fuera el Titanic, la mayoría aplaudiría al iceberg. Y lo saben.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

lunes, 13 de febrero de 2017

Champiñón y míster Hyde


 




HASTA hace un mes desayunaba mientras echaba un vistazo a los informativos de televisión, pero, desde que aparece el presidente de Estados Unidos lo he dejado porque se cortaba la leche del café. Ahora prefiero la literatura de terror y, en especial, el subgénero de las etiquetas alimentarias. Estoy enganchado, oigan. No saben cómo disfruto cogiendo unos cuantos paquetes, botes y latas del armario de la cocina, diseminándolos por la mesa y examinando su contenido. Por ejemplo, en la crema de champiñones ves en la foto la sopera humeante, con la mano de la abuelita, que vive en el caserío y que ha recolectado los hongos uno a uno en la campa de al lado y los ha metido en el bolso del delantal de cuadros para cocinarlos, y se te hace la boca agua. Luego das la vuelta al envase y descubres con un escalofrío que está elaborada con crema de harina, almidón, glutamato, fécula de patata, sal y 1,2% de champiñón. Pasas al sobre de la pechuga de pavo y ves que solo el 40% es pavo y que el resto pueden ser plumas y se te erizan los pelos. El sumun son las cremas achocolatadas. Pronto exigirán para comprarlas que firmes un pliego de conformidad con sus efectos. Lo que en la portada es natural, artesanal, ecológico y casero, se convierte por detrás en aceite de palma, azúcar, antiaglomerante, almidón, huevina, excipientes y grasas saturadas. Dicen los chinos: “No mires lo que comes o no comerás”. Salvo que disfrutes con el doctor Jekyll y míster Hyde, claro.
@caducahoy

viernes, 10 de febrero de 2017

Explosión en una central nuclear francesa: tranquilos, la culpa la tuvo el queso




TIENE bemoles lo mal pensada que es la gente. Se enteran de la explosión en la sala de máquinas de una central nuclear en Francia y se lanzan cuerpo a tierra en El Arenal mientras se encasquetan la txapela hasta la boca. Por eso, cuando se produce este tipo de hechos sin importancia, lo mejor es informar. Y cuanto más, mejor. El incidente se debió a la explosión de la tartera de un operario amante del Époisses de Borgogne, uno de los quesos franceses más pestilentes. Llevaba tres días en el recipiente y con el calor y la fermentación comenzó a liberar electrones. Bueno, en realidad, salieron huyendo, lo que provocó un inicio de fusión termonuclear láctea de pequeño formato. Una especie de bomba atómica minimalista, vamos. Se registraron cinco heridos, pero no por la explosión, sino por el olor. Tanto es así que los franceses están estudiando si este queso podría reemplazar al uranio en el futuro. 
En su línea, el Consejo de Seguridad Nuclear español ha querido recordar que tanto nuestras centrales nucleares como las lecheras juegan en la Champions de la Liga Atómica, y que los accidentes, además de ser imposibles, son poco probables. De hecho, si ocurren, que ocurrirán, será debido a la mala suerte. Por eso llaman a la tranquilidad, ya que la contaminación radioactiva no dura cientos de miles de años como se pensaba, sino solo decenas de miles, lo que muestra un horizonte mucho más esperanzador. Además, aquí no desayunamos queso, sino torreznos. Y eso su pone un menor riesgo
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy