Con mis propios ojos he visto migraciones masivas hacia el cuartito del café en busca de un poco de calor, hambrunas espeluznantes ante la imposibilidad de atravesar la zona gélida que lleva al bar y convenios colectivos en llamas por la incapacidad de estabilizar la temperatura.
Suelo visitar a un compañero del servicio técnico. Permanece atado en un cuartito acolchado ante su afán de colgarse de toda salida de aire acondicionado que ve. Es un veterano de la contienda de 1982. Me aconsejó vestir en invierno gayumbos de marta cibelina refrigerados con amoniaco, y en verano, de seda calefactados con pilas alcalinas. Gracias a ellos sigo vivo. No sé por cuánto tiempo...
Josetxu Rodríguez
@caducahoy














