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jueves, 13 de junio de 2013

¡Que te duermas, coño!


SI usted no ha oído hablar del doctor Estivill, es que forma parte de ese grupo de afortunados que a las cuatro de la madrugada están durmiendo y no sobrecogidos ante un bebé que golpea los barrotes de la cuna con un martillo musical con la misma saña que lo haría un capo de Alcalá Meco al que no se le permite ver el episodio de “Sin tetas no hay paraíso”.
El doctor Estivill es el autor de “Duérmete, niño“, un método que permite practicar exorcismos sobre pequeños que, a partir de las diez de la noche, parecen poseídos por el espíritu de un gremlin epiléptico.
Fundamentalmente, se trata de un ritual en el que usted debe asumir el papel de un coronel de marines cuya jubilación dependiera de su capacidad para convertir a un psicópata lactante en un angelito rubio que anuncie pañales en televisión.
El doctor, que dice conocer a los niños como si los hubiera parido, promete tres noches de sangre, sudor y lágrimas antes de alcanzar el éxito. La norma básica es dejarle llorar y cada cinco minutos acercarse a la cuna y decirle: «Cariño, te quiero mucho, pero es hora de dormir». El efecto que produce esta frase es similar al del agua bendita sobre los endemoniados porque el bebé, para que le cojas, será capaz de ponerse azul, vomitar e incluso girar la cabeza 360 grados. Le puedo asegurar que si usted resiste estos envites, habrá ganado la partida. A mí no me funcionó con mi hija, pero sí con mi mujer los fines de semana.

Josetxu Rodríguez

sábado, 17 de noviembre de 2012

Un biberón con USB2


Era una pareja tan moderna que, en lugar de ponerle tetina al biberón de su hija, le colocaron una conexión USB2. Así consiguieron que se tomara la leche a una velocidad de 4 megas por segundo.
La relación con el bebé, incluso antes de que naciera, había sido más que informal, informática. No había salido del vientre de la madre y ya le cantaban nanas por medio del router wifi de Euskaltel. El feto daba patadas de felicidad dentro de la placenta.
Luego la cosa se complicó. Ellos trabajaban en una de esas empresas que piden presencia de sol a sol y, a los pocos meses de nacer, la criatura fue dada en adopción a una guardería. Desde su despacho, ellos conectaban con la página web del establecimiento y podían ver a la pequeña vomitando la papilla. Les parecía duro, pero no les quedaba más remedio.
Cuando cumplió seis años, ya pudo quedarse sola en casa. Sus padres le regalaron un portátil con cámara web para poder observarla mientras hacía los deberes y se comía el bocadillo de nocilla. Si lo necesitaba, ella les preguntaba sus dudas sobre los lamelibranquios a través del whatsapp.
Sin embargo, desde hace una semana, estos padres están preocupados por su hija. No come, dice que le duele la tripa y se marea. Creen que es un virus, pero le han pasado el Panda, el Norton y el McAfee y no han conseguido nada. ¿Tendremos que reiniciarla?, me preguntan. Y no sé qué decirles.

Josetxu Rodríguez