miércoles, 11 de septiembre de 2013

Obras son dolores, incluso en el Congreso

 Las goteras en el Congreso tras gastarse 4 millones en las obras fueron muy celebradas por la delegación japonesa.


SI usted piensa que por el mero hecho de practicar un oficio nadie merece ir a la cárcel es que no conoce a mi fontanero: cortó el agua tres días seguidos a 42 vecinos para poner una llave de paso en la cocina. Ha pasado una década y todavía encuentro mensajes amenazantes en mi coche. En los últimos años me he visto obligado a tratar con una cohorte de gremios que me han hecho perder la poca esperanza que tenía en la humanidad. Recuerdo con especial desazón a un albañil en cuyo mundo no existía el ángulo recto. Creo que era un extraterrestre, porque continuamente se escapaba a buscar material a "la nave". Fue él quien me introdujo -a la fuerza- en las modernas teorías del caos y en el concepto del tiempo elástico. Cada vez que le preguntaba cuándo iba a acabar la obra decía: "En una semana". 
También conocí a un pintor que tenía las cosas muy claras: el cuarto de los niños de azul, el de las niñas de rosa y el resto de la vivienda del color que haya sobrado del trabajo anterior. Amenazándole con un cinturón de explosivos, al final, llegamos a un acuerdo. 
Merece un apartado especial el acuchillador. Se presentó como el más caro, el más rápido y el más profesional, algo así como el príncipe de los acuchilladores. Cuando acabó, yo estuve buscando al príncipe de los navajeros para que le hiciera en la cara lo que él le hizo a la tarima de castaño. 
No les cuento esto por rencor, sino para avisarles de que andan sueltos y que pueden convertir su casa en un infierno... en obras.
Josetxu Rodríguez