viernes, 14 de junio de 2013

¿Y si existieran las sociedades psicópatas?



ESA chica que nos mira con sus ojos exóticos desde el anuncio de contactos del periódico hoy podría estar muerta y sus restos pudriéndose bajo el limo de la ría. Por increíble que parezca, un psicópata con túnica naranja, que ha ensuciado el nombre de monjes que caminan barriendo el suelo con una escoba para no dañar al insecto más insignificante, acaba de despiezar a una de sus compañeras y convertir en papilla sanguinolenta a otra. Todo ello con mucha ceremonia, insensible a sus lamentos, como si estuviera troceando un pollo o separando las piezas de un puzzle. Para un individuo de esas características, un ser humano vale lo mismo que cualquier objeto que le rodea. Algo que puede ser usado y desechado sin remordimiento alguno. Estos depredadores son crueles, pero no tontos. Detectan al eslabón más débil de la cadena, el marginado, el individuo abandonado a su suerte por la manada. Les resulta fácil hacerse con él y destrozarlo a hachazos sin que se disparen las alarmas, se altere el orden o se moleste a los vecinos. 
Habría que preguntarse qué tipo de sociedad hemos creado si asimila que una o varias mujeres pueden desaparecer sin dejar rastro y la vida continuar como si tal cosa. También es verdad que en los tiempos que corren estamos acostumbrados a relativizarlo todo. Cualquier familia a la que se le ha extraído el jugo es despojada de su casa y vomitada en la calle como un objeto inútil. Si el término de sociedad psicópata no existe, quizá haya llegado la hora de pensar en él.
Josetxu Rodríguez