viernes, 14 de octubre de 2011

¡Es la leche!

[caption id="attachment_1358" align="aligncenter" width="580" caption="Las vacas también están de mala leche porque desvirtúan su producto"][/caption]

HE de confesarles algo: no sé comprar teléfonos. Ni siquiera uno fijo. Su variedad me abruma, sus configuraciones me superan y sus características me aburren. Yo quiero ir a la tienda, esperar la cola pacientemente y, cuando me toque el turno, pedir uno que haga ring-ring. Con eso es suficiente. Pero no es posible, porque te sacan un catálogo que ni un astronauta opositor es capaz de asimilar.

Así que he optado por lo simple, recuperar del sótano uno con la ruedita. Y estoy encantado. Por de pronto, mi hija no consigue hacerlo funcionar. Intenta presionar los números, pero ni por un momento se le ha pasado por la cabeza que ha de meter el dedo y girar la ruedecilla en el sentido de las agujas del reloj. Je, je. Disfruto mirándola. Su cerebro chip se ha cortocircuitado con este mecanismo basado en un muelle y no en un microchip nanoconectado.

No obstante, he ganado esta batalla, pero no la guerra. Ahora estoy buscando un bar donde pueda pedir un café y que me lo sirvan sin tener que hacer un máster en dietética avanzada. ¿Cómo lo quiere?, pregunta el camarero. Pues, con leche, le contesto. No, no, no, me explica. Me refiero al café. ¿Lo quiere arábica o robusta? Y, en su caso, ¿natural, torrefacto o descafeinado? ¿Con sacarina, azúcar blanca o integral? En cuanto a la leche: ¿clásica, con calcio, sin lactosa o con omega 3? De todas ellas tenemos desnatada, semidesnatada y entera... Mire, déjelo y tráigame una Coca Cola. ¿Light, normal, zero, sin cafeína...?