jueves, 7 de septiembre de 2017

El síndrome del emperador


El síndrome del emperador

HUBO un tiempo en el que parte de la educación de los niños la realizaba la tribu. Cualquier adulto tenía la potestad de reprender a un chaval que estuviera haciendo trastadas en la calle, aunque careciera de parentesco con él. Era algo cotidiano y que contaba con el beneplácito social. De hecho, más de uno ha llegado a ser campeón de taekwondo esquivando zapatillas y escobazos. Si soy sincero, de los capones que he recibido, ninguno me lo han dado en casa. Se lo cuento a mi hija y me mira como miraba a su muñeco parlante. Y no me extraña. 
Ante una situación similar, con un coscorrón de por medio, hoy en cinco minutos la zona estaría acordonada por la Policía Municipal y un batallón de psicólogos atendería al muchacho mientras se llevaban detenido al inconsciente agresor. En el caso de que fuera maestro, la condena podría ser a perpetuidad. Algo parecido ha ocurrido en A Coruña, donde una madre ha sido denunciada por su hijo de 11 años a quien dio un bofetón por negarse a poner el desayuno, insultarla y, fuera de sí, tirar al suelo el móvil de alta gama con el que oía música. El juez ha visto “justificado” el cachete frente a la actitud de “síndrome del emperador” del hijo y señala que “de no mediar una inmediata corrección, el menor trasladará dicho comportamiento a terceros”, por lo que ha absuelto a la procesada. Ahora está por ver si el crío recurre hasta llegar al Constitucional. Es posible.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy