martes, 23 de febrero de 2016

Titirietarras


columna Josetxu Rodríguez, titiriteros, querella, Alka-eta,
columna Josetxu Rodríguez, titiriteros, querella, Alka-eta,

COMO lo he sufrido en propia carne, todo el proceso contra los titiriteros madrileños me suena a conocido. Es verdad que en mi caso no pisé la cárcel, pero sí la Audiencia Nacional, una excursión que le recomiendo a toda la gente de bien para tomar conciencia del país en que vivimos y la degradación democrática que han experimentado los poderes del Estado. Si nos juntáramos allí los humoristas, dibujantes y demás saltimbanquis que hemos sufrido el peso de la ley por practicar la sátira o el humor alejado del caca, culo, pedo, pis, llenaríamos una plaza de toros. La causa es lo de menos: una viñeta, un chiste, un artículo sobre el oso Yogui. De lo que se trata es de dar un escarmiento o extender una cortina de humo sobre los innumerables casos de corrupción.
Aunque también puede ser por pura incompetencia o por agradar al amo. En este caso, la pancarta de “Gora alka-eta” la usaba un títere para inculpar a otro en una trama en la que se ahorcaba a un guiñol vestido de juez, apuñalaban a un policía y violaban a una monja. Vamos, lo normal: en Caperucita Roja descuartizan a una anciana; en Hansel y Gretel se comen niños; en Blancanieves hay envenenamientos y un magnicidio; en Pulgarcito tráfico de criaturas... Si lo miras bien, los titiriteros han tenido suerte, porque podían haberles acusado de asesinato y violación. Y en unos cuantos meses haber detenido a la monja de trapo por haber abortado. ¿Que no? A que sí.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy