lunes, 26 de octubre de 2015

El escayolista de Frank Gehry

columna Josetxu Rodríguez, Frank Gehry, Guggenheim, aniversario,
www.dnweblog.wordpress.com

CONOCÍ a Frank Gehry cuando él era más joven y yo más peludo. Fue hace 18 años, unas horas antes de que el museo Westinghouse, como lo denominaban algunos, abriera sus puertas por primera vez. Ambos deambulábamos por la Sala Pez; él, en representación del arquitecto y yo, del contribuyente. Me había tomado dos o tres copas de cava (cada vez que pasaba el camarero) y entablé con él una animada charla. Le hablé de la vida, del amor y de las humedades. Me interesé mucho por el aislamiento, que la ría es muy traicionera, le dije. Y pregunté si había instalado Onduline bajo la cubierta de titanio para evitar goteras. Asentía con gran interés mientras miraba de reojo alrededor para ver si alguien venía a socorrerle. Antes de que huyera, hice una crítica constructiva de las escaleras de acceso, las más incómodas que conozco, y le felicité por el escayolista, al que considero un genio digno del museo. Las superficies elipsoides, paraboloides hiperbólicas y catenoides que había conseguido en el atrio me tenían embriagado (de belleza). Le pedí su teléfono, porque yo estaba de obras en casa y lo escribió junto a su autógrafo en el programa de mano de la inauguración. 
Así de campechano es Frank. Por eso estará encantado de que le hayamos hecho un monumento con forma de puente en Zorrotzaurre. Le gustan las obras inacabadas, como su torre de La Salve, que carece de tejado y de otras muchas cosas. Por cierto, llamé al escayolistas, pero el teléfono no daba señal. Creo que se lo inventó. Los arquitectos ilustres son así.

 Josetxu Rodríguez
@caducahoy