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viernes, 10 de febrero de 2017

Explosión en una central nuclear francesa: tranquilos, la culpa la tuvo el queso




TIENE bemoles lo mal pensada que es la gente. Se enteran de la explosión en la sala de máquinas de una central nuclear en Francia y se lanzan cuerpo a tierra en El Arenal mientras se encasquetan la txapela hasta la boca. Por eso, cuando se produce este tipo de hechos sin importancia, lo mejor es informar. Y cuanto más, mejor. El incidente se debió a la explosión de la tartera de un operario amante del Époisses de Borgogne, uno de los quesos franceses más pestilentes. Llevaba tres días en el recipiente y con el calor y la fermentación comenzó a liberar electrones. Bueno, en realidad, salieron huyendo, lo que provocó un inicio de fusión termonuclear láctea de pequeño formato. Una especie de bomba atómica minimalista, vamos. Se registraron cinco heridos, pero no por la explosión, sino por el olor. Tanto es así que los franceses están estudiando si este queso podría reemplazar al uranio en el futuro. 
En su línea, el Consejo de Seguridad Nuclear español ha querido recordar que tanto nuestras centrales nucleares como las lecheras juegan en la Champions de la Liga Atómica, y que los accidentes, además de ser imposibles, son poco probables. De hecho, si ocurren, que ocurrirán, será debido a la mala suerte. Por eso llaman a la tranquilidad, ya que la contaminación radioactiva no dura cientos de miles de años como se pensaba, sino solo decenas de miles, lo que muestra un horizonte mucho más esperanzador. Además, aquí no desayunamos queso, sino torreznos. Y eso su pone un menor riesgo
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

lunes, 23 de marzo de 2015

Créditos, cuanto más queso, menos queso


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SI permanece en silencio unos instantes percibirá un rumor sordo, como de tsunami lejano. No se asuste, no es que el sol se esté apagando. El causante es el señor Draghi, que acaba de abrir las compuertas de la caja fuerte del Banco Central Europeo y, ahora, un torrente desbocado de euros fluye incontenible para inundarnos a todos. A todos aquellos que no los necesiten, claro está. Porque, para los bancos, quien realmente precisa dinero de forma urgente es muy posible que no esté en condiciones de devolverlo. No es mi caso. 
Con vicios asequibles y cierto carácter ahorrador vivo de forma desahogada y con las facturas al día. Por eso, los bancos llenan mi buzón con ofertas de créditos para que me vaya de vacaciones, cambie de coche o me haga un lifting. Directamente los archivo en la bolsa de reciclar. Es más, hace unos días he tenido que pelear a brazo partido con una comercial para abonar al contado una compra que suponía un fuerte desembolso. Insistía una y otra vez en que si lo sufragaba con ayuda de un crédito, me haría descuento, y me saldría más barato. ¡Vaya paradoja! Hasta hace poco era al revés, ¿no? ¿O lo he soñado? 
Me costó convencerla de que prefería pagar más, para pagar menos. Y se lo expliqué con el ejemplo del queso de gruyer: cuanto más queso te dan, más agujeros tienes. Y cuantos más agujeros, menos queso posees. Conclusión: cuanto más queso, menos queso. No sé si me explico.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy