miércoles, 17 de mayo de 2017

La vida no pasa, te atropella


La vida no pasa, te atropella

PASA la vida y no eres consciente hasta que te atropella. Vas quemando etapas a velocidad creciente y un día descubres que ya no quedas tan a menudo con los amigos. Así que decides guasapearles el viernes por la mañana para tomar juntos una cerveza el sábado por la tarde. Veinte minutos después, cuando han contestado todos, haces balance y solo puede Txema. Ese al que le dejó la mujer por cansino hace un par de meses y ahora está solo porque dos semanas más tarde le abandonaron el gato y el canario para irse a una casa donde les dieran de comer periódicamente. 
Y recuerdas aquella edad indefinida en la que te encontrabas con alguien un martes por la mañana y te sugería ir a tomar unas cubatas al puerto de El Pireo, que actuaba Mikis Theodorakis, y no cuestionabas la oferta. A lo sumo, ibas a por la mochila y el saco y, aunque no conocías al individuo, dos días después érais amigos íntimos ya que las horas muertas haciendo dedo unen mucho. 
Escribo esto y se me cae una lagrimilla porque no encuentro el tiempo perdido y, al parecer, mis amigos, tampoco. Unos cuidan padres, otros nietos, algunos están con trancazo, otros tienen que segar el césped del adosado o ver el partido o pulirse la cadera de titanio. No hay dios que haga un calendario para quedar una tarde con estos condicionantes. Tendré que esperar unos pocos años más y seguro que nos encontraremos todos en urgencias. Imagino que allí tendremos tiempo de charlar largo y tendido.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy