martes, 11 de abril de 2017

El amigo inglés y el Brexit




MI amigo es un inglés de libro. Podría entenderse Inglaterra observando a mi amigo inglés, lo mismo que pueden conocerse los océanos meditando sobre una gota de agua. Alto, rubio, espigado, con pantalones planchados y calcetines para ir a la playa. Se casó con una chica de Bilbao que comenzó a traerlo de vacaciones a la Península para que se le secaran los zapatos y perdiera ese color lechoso que tenía su piel. 
Fuimos congeniando poco a poco, saltando la barrera del idioma como podíamos. Yo le explicaba los chistes de bilbainos con señas y él me recitaba a Shakespeare con ese tono que solo pueden dar siglos de declamación escolar. Alucinaba con nuestros horarios, la comida, los gritos, la siesta y las fiestas. Y yo con su vida ordenada, el té, que por la noche metiera los zapatos en una horma y que fuera simpatizante de la Thatcher. 
Con los años llegamos a querernos e intercambiamos costumbres, semillas y un amor incondicional por la naturaleza. Me hizo albacea de su hijo y eso nos unió aún más. Hace unos meses su mujer me preguntó qué queríamos que votara en el referéndum sobre el Brexit y, acto seguido, se manifestó harta de que la UE le dijera de qué tamaño tenían que ser los pepinillos que echaba a la ensalada. Conociéndolos, creo que eso era imperdonable.
Se han cometido errores en Londres y en Bruselas, pero me da igual. Nuestra amistad está por encima de las fronteras y esa es la mejor forma de crear una Europa más Unida.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy