miércoles, 30 de abril de 2014

Elogio de los perritos, terapeutas de ancianos


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LOS perritos pueden ser pequeños, peludos y suaves, casi de algodón, como Platero; o desgarbados, nerviosos y cascarrabias con las patas de alambre como una araña. Sin embargo, siendo tan distintos, todos tienen la capacidad de proporcionar a sus dueños grandes dosis de cariño sin esperar nada a cambio. Todas las mañanas se les puede ver sacando a pasear con correa a una anciana que camina renqueante al otro extremo o guiando hasta la panadería a un hombre con sombrero o, simplemente, esperando a que terminen de leer el periódico en un banco del parque. 
Nadie ha sido capaz de evaluar ni de agradecer el servicio social que desempeñan estos animales cuando se hace de noche y espantan la soledad de un viudo o juegan alrededor de una mujer de edad que ve la televisión antes de irse a la cama. Siempre alerta ante los intrusos, la melancolía y la tristeza, a quien espantan con sus ladridos. Compadres de insomnes, fieles confidentes, cómplices de tristezas. Animan a conocer gente, a tener amigos y hacer vida social. Relajan, equilibran, te miran dentro y algo se cura. Los dolores huyen. 
Alternan su terapia sentimental con la ocupacional y obligan a sus dueños reumáticos a levantarse de la cama aunque llueva, a flexionar las piernas para recoger la pelota, a ocuparse de las necesidades de alguien cuando no queda nadie de quien ocuparse. Si hay que hacer un monumento en esta ciudad, qué mejor que a ellos. Pagado por Osakidetza. Eso sí.
@caducahoy