domingo, 26 de junio de 2016

Kepa quería ser artista



KEPA quería ser artista desde el principio de los tiempos. Como su padre. No tenía 1 año y ya se había construido una ocarina con el sonajero. Más tarde comenzó a modelar Pokémon con los picatostes de los purés que luego pintaba con témperas. A los 8 años danzaba, recitaba a Hamlet al revés y tocaba el didgeridoo australiano ante el asombro de los entendidos y la desesperación de su familia. 
Como era de esperar, se apuntó al bachiller artístico, pero le han dicho que no tiene plaza. Algunos de sus amigos sí la han conseguido: el que quiere trabajar en Telepizza porque le gustan las motos, el que huye de las matemáticas y uno que ha elegido a voleo. ¿Por qué? Tienen más puntos, ya que viven más cerca o son primogénitos o un familiar trabaja en el instituto o su nivel económico es inferior. 
Y eso que los padres de Kepa fueron previsores: no se casaron para que ella fuera madre soltera y diera a luz en el patio asegurando la calificación de cercanía. Pero el taxista les llevó a Cruces sin preguntar y abortó el plan. Más tarde pensaron en seducir a un profesor del centro para que adoptara al chico. Con eso casi llegaban, pero no era suficiente, necesitaban una minusvalía y se miraron los dedos que menos usaban... No ha servido de nada. Kepa está fuera y dispuesto a estudiar Ingeniería Química de explosivos de alto rendimiento. Espero que no lo consiga, porque la puede liar gorda. Para eso es un artista.
Josetxu Rodríguez  @caducahoy