viernes, 1 de julio de 2016

Condenados a planchar eternamente


ME dicen que un joven ha inventado un artilugio que evita el planchado y no me creo nada. Como todos ustedes sabrán, incluso si hicieron pira a la catequesis, Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso por ciertos problemas con la dieta vegana que ella seguía y les condenó a ganarse el pan con el sudor de su frente. Pues bien, lo primero que se encontraron nada más traspasar la puerta del Edén fue una plancha. ¡Ay, la plancha! Qué trabajo tan atroz. Recuerdo que la última vez que la usé fue para darle un repaso a los pantalones acampanados. Háganse una idea. Desde entonces he buscado todo tipo de alternativas para eludir esta tarea. Empecé colocando las camisas bajo el colchón, pero era tan fino que me molestaban los botones. Lo intenté después con el vapor de la ducha y funcionaba más o menos bien, pero en invierno era molesto llevarla mojada casi todo el día. La cosa mejoró cuando me informaron de que no tenía que ducharme con ella puesta, sino colgarla en una percha. Me pareció demasiado trabajo comprar una percha. Empecé a ponerme dos camisas a la vez: la del interior se alisaba con el calor corporal y, al día siguiente, podía usarla en el exterior. Así fui pasando hasta que hace unos años un visionario descubrió que la arruga era bella. No entiendo cómo no tiene el Premio Nobel de la Paz, con todas las guerras cotidianas que ha evitado. ¡Santo tenían que hacerle!
Josetxu Rodríguez  @caducahoy