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domingo, 25 de noviembre de 2018

El Blas fraile


EL timbre ha sonado temprano, apenas amanecido. Tardé solo un par de minutos en ponerme la bata de Harry Potter y quitarme el gorro de dormir. Cuando abrí la puerta, una catarata de cajas de cartón y sobres acolchados se me vino encima. Con la modorra del madrugón pensé que había descarrilado un tren de mercancías, pero detrás del citado desprendimiento había una caravana de repartidores en moto, patinete y bicicleta, que pisoteando el césped se perdían más allá del horizonte del seto y reclamaban brazo en alto una firma para salir pitando. Garabateé todos los documentos que me pusieron delante, coloqué mi huella en pantallitas de cristal y me escanearon el iris en un par de ocasiones individuos con acentos del lejano oriente. Me hice cargo de los fardos sin hacer preguntas. Al fin y al cabo, hasta que no me tomo el tercer café no soy persona y todo me da lo mismo por no decir que me da igual. Cuando se despejó la niebla en mi cabeza, volví a la zona cero para hacer balance. Había embalajes de Amazon, Bimba y Lola, Carrefour, Dekohogar, Ebay y, así, hasta bien entrado el abecedario. Por un momento pensé que alguien había confundido mi casa con una consigna pero, entonces, una voz reconocible me pregunto desde la cama:
“¿Cariño, ha traído el cartero algo para mí?”.“
"Si no ha muerto atropellado en el tumulto hace un rato, creo que sí”, le contesté.
“He pedido algo de ropa para probarme, algunos cosméticos para el gato, un patinete con sidecar, piezas para montar un fusil de asalto y una lata de espárragos. Devolveré lo que no me guste”, me explicó.
“¿Aprovechando el Blas fraile?”, le dije, por decirle algo, ya que no tenemos gato.
“¡Qué va! Esos llegarán el lunes”, me anunció. 
Mientras entraba en casa reflexioné sobre la condición humana y llegué a una conclusión: “Yo soy yo y su paquetería”. Los hermanos Ortega y Gasset estaban equivocados.

Josetxu Rodríguez

lunes, 14 de enero de 2013

He tenido que hacerle un ERE a mi hija

La crisis no está para bromas
CON harto dolor de mi corazón, acabo de plantearle un ERE a mi hija de 15 años. Sé que es duro, pero la competitividad me obliga a ello. Le he dicho: Cariño, llevas 15 años en nuestra compañía y desde que ingresaste en ella, siendo un bebé, has progresado mucho y te has integrado perfectamente con el resto de la plantilla. Incluido el gato que, según el día, es difícil de tratar. 
En este tiempo, el reciclaje continuo, la constancia y el respeto a tus superiores jerárquicos, una cualidad difícil de encontrar en los tiempos que corren, te han permitido medrar como persona humana libre de impuestos y convertirte en casi una mujer con su propia declaración de renta. 
Por eso, me duele mucho tener que reducirte la paga dominical un 30% y adelantarte la edad de emancipación en dos años. Ya sé, ya sé que después de pasarte 13 años de becaria solo llevabas dos años cobrándola, pero debes tener en cuenta que la falta de beneficios pasados no presupone dividendos futuros. ¿Me entiendes? Ya veo que no. Siento que no puedas dirigirte a tu delegado sindical al que, con apenas 14 años, le pasará lo mismo que a ti. No queda más remedio que negociar este convenio directamente y esperar tiempos mejores. 
Como muestra de buena voluntad, seguiremos dándote cobijo y manutención en el economato familiar, previa firma de pagarés, a los que podrás hacer frente cuando empieces a trabajar en Telepizza. Hija, este es el mundo que nos ha tocado vivir. Puedes elegir otros, pero son peores. Ya verás.
Josetxu Rodríguez

viernes, 4 de enero de 2013

Nuevo tratamiento médico: rebajas terapéuticas


ALGÚN día se reconocerá el importante valor terapéutico que para algunas personas poseen las rebajas. En muchas ocasiones, esta medicina produce efectos tan milagrosos como esos fármacos finiseculares creados gracias a la ingeniería genética.

–Querida, qué mala cara tienes, le decía una señora a otra el pasado lunes.
–Es que vengo del médico y me ha dicho que me falta magnesio.
–¿Y qué piensas hacer?
–Pues, lo de siempre, comprarme un bolso.
Aunque no existe una explicación científica, hay médicos que ya han tomado conciencia de las muchas disfunciones que pueden solucionarse sólo con que el enfermo pase su tarjeta bancaria por la ranura de varias cajas registradoras. Los más innovadores experimentan con recetas en las que puede leerse: “el paciente presenta síntomas de estrés y tics nocturnos, le recomendamos que se compre unas llantas de aleación ligera (en el caso de los hombres) o unos zapatos italianos (si es mujer). Si los síntomas persisten, repetir la operación a la inversa”.
En un mundo en el que los bancos envían la visa preescolar a los recién nacidos, sólo unos pocos heterodoxos miramos con desconfianza estas terapias modernas.
Cuando mi mujer me dijo que en un análisis de sangre le habían detectado una grave falta de diamantes, le regalé un collar. El remedio, lejos de funcionar, la puso como un basilisco subido a un obelisco. Y eso que era antipulgas...

Josetxu Rodríguez

domingo, 16 de enero de 2011

Todo el poder (de compra) a los soviets


El asalto al comercio de invierno continúa sin tregua ni cuartel. Tras los gastos navideños llegan las rebajas, y después los saldos, y por último, las subastas en internet y las tiendas de los chinos. Ya lo dijo el Lute: “Consume o revienta”. La revolución marxista consumista te necesita.