sábado, 9 de septiembre de 2017

La cabina

CAMINABA concentrado hacia el trabajo buscando la fórmula para resolver el conflicto catalán antes de que las minutas de jueces y abogados arruinen definitivamente las arcas del Estado, cuando casi me di de bruces con un artilugio instalado en la plaza del Sagrado Corazón de Bilbao. Me acerqué y pude ver esta pequeña inscripción: PULSE *01 SMS-FAX. Ante esta extraña nomenclatura, decidí llamar a la brigada de desactivación de artefactos de la Ertzaintza. Y en ello estaba cuando se acercó un señor bajito, rechoncho y con fajín que, con su voz atiplada y grandilocuente, me pidió permiso para utilizar el teléfono. Metí la mano en el bolso para cederle el móvil, pero, ante mi sorpresa, lo rechazó y cogió un soporte que estaba unido al armatoste con un cable metálico. Metió unas monedas por una ranura y esperó.
Yo estaba ojiplático y pensé que se lo iba a tragar Matrix, pero el señor con tono irritado comenzó a decir: “Usted haga como yo y no se meta en política. Ahora se habla de democracia. Nosotros, los españoles, ya la hemos conocido. Y no nos dio resultado. Cuando otros van hacia la democracia, nosotros ya estamos de vuelta. Estamos en la meta, a esperar a que los otros regresen también. O sea, que lo arregláis o lo arreglo yo”. Con la última frase pegó un taconazo y se fue. El cacharro devolvió una moneda y la recogí. En una de sus caras podía leerse claramente: ‘Una, grande y libre’. En la otra reconocí perfectamente el perfil del hombrecillo. ¡Cooollons!
Josetxu Rodríguez
@caducahoy