domingo, 6 de agosto de 2017

Neymar, pan y césped



Neymar no vale nada. Tan solo es un joven deportista capaz de mover con precisión una pelota. Una habilidad efímera y sin trascendencia salvo para aquellos a quienes les divierta el fútbol. Como el oro o las angulas, su valor es meramente especulativo. Hoy vale 222 millones de euros, mañana la mitad o el doble. Nada que ver con el deporte, son solo negocios. Una catarata de euros de dudosa procedencia que cambia de manos, de país y de color, ante la beatífica mirada de quienes tenían que regular este tráfico de capitales y aplauden desde los palcos de los estadios. La connivencia de las autoridades con el fútbol es solo comparable con la de los aficionados, que gritan pan y césped sin hacerse preguntas. 
La deuda de los clubes en el Estado ronda los 3.500 millones, un buen pellizco de ellos a Hacienda, y la fiesta sigue como si tal cosa. El París Saint Germain, protagonista de la opa sobre el jugador del Barcelona y colonizado por Catar, gasta más de lo que ingresa y campa a sus anchas rompiendo la banca. 
Y lo que más duele es el agravio comparativo con todos esos astros anónimos que intentan meterle un gol al cáncer, por solo poner un ejemplo, regateando el abandono y el anonimato. Con lo que se paga por Neymar podría hacerse una línea de billetes de 50 euros de 628 kilómetros. De ese tamaño es la obscenidad de la propuesta. 
Josetxu Rodríguez
@caducahoy