lunes, 17 de julio de 2017

Me refiero al referéndum



 
LOS catalanes están como cabras, tío. Todavía no se me ha olvidado el primer referéndum de independencia autogestionado en el que participé el 20 de noviembre de 1975 en la Universidad de Bellaterra y ya están organizando otro tan surrealista e inútil como aquél. El primer día sin Franco, el bar de la facultad era una especie de bacanal con vino de Valdepeñas y porros marroquíes. Mientras un tío hacía cabriolas con una moto sobre el mostrador, lo juro, alguien propuso declarar la independencia de Catalunya por sorpresa. Allí mismo. En ese momento. Todos estuvimos de acuerdo. Fue una especie de orgasmo colectivo político festivo que duró lo que dura una amapola en la mano. “Escolti, tú: ¿Y quién vota?”, preguntó uno al fondo. “¿Los estudiantes españoles también?”. Ahí se acabó el baile y comenzó la asamblea. La gente se agrupó por afinidades y hubo turno de palabra. ¿Y las urnas? ¿Y quién cuenta? ¿Y quién controla a los falangistas? ¿Yo puedo votar por la independencia de España? Yo no he traído el DNI, ¿me da tiempo a ir a casa? 
Nos costó horas llegar a un acuerdo. Al carecer de urnas usaríamos papeleras y se haría el escrutinio antes de que recogieran la basura. Delegábamos en el repetidor más veterano, que no estaba presente, para que llevara los resultados a Arias Navarro en persona. Como ya eran las 3.00 y perdíamos el tren a Barcelona dejamos una nota a los de la tarde para que ultimaran los pequeños detalles. A fin de cuentas, el trabajo duro ya estaba hecho. 
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy