viernes, 23 de diciembre de 2016

Juguetes inolvidables



MIENTRAS la fiebre de la recolección de juguetes con fines benéficos se expande por doquier, como la gripe, estas navidades se irán a la basura otros 2.000 millones de euros en regalos absurdos que no gustan a sus destinatarios. Una de las razones de este desperdicio es el Enemigo invisible, esa costumbre disparatada de regalar un pingajo a un desconocido para demostrarle que le odias con todo tu afecto. Puede ser una grapadora de gomaespuma, un paraguas ducha o un circo de piojos, todo acabará más pronto que tarde en el contenedor. 
Algo similar les ocurre a los niños, sepultados en chismes de usar y tirar cuando lo que necesitan es más tiempo y menos deberes. Todo lo contrario de lo que tuvimos la mayoría de los que leéis estas líneas: mucho tiempo y pocos cachivaches. Pocos, pero intensos, eso sí. Recuerdo el Cheminova, aquel juego de química con el que podías acabar con la fauna de un descampado a nada que te esmeraras un poco. O el pequeño taller de fundido de plomo. ¡Qué hermosas quemaduras producía! Mucho más duraderas que los vulgares tatuajes de hoy día. Se llevaba el premio la serrería eléctrica. Era nuestra preferida. Tengo amigos que para pedir tres cervezas tienen que usar los dedos que les quedan en las dos manos. Juguetes inolvidables que no se tiraban a la basura. Sobrevivimos a ellos de milagro y eso no se olvida fácilmente.
Josetxu Rodríguez  
@caducahoy