domingo, 29 de mayo de 2016

¡Manda huevos fritos congelados!


EN el principio, Dios creó el huevo y consideró que había hecho un trabajo redondo. Mejor que la gallina, pensó, antes de retirarse a descansar. Millones de años después, un miércoles, a las 2.15 de la tarde, un hombre colocó un recipiente con aceite sobre el fuego y depositó uno sobre la superficie. El resultado fue decepcionante, pero, lejos de rendirse, volvió a intentarlo quitándole la cáscara. Quedó deslumbrado y satisfecho. Ese es el punto culminante de la gastronomía universal y de la evolución humana. Desde entonces, todo ha sido decadencia. 
Los huevos fritos son un manjar muy laborioso de preparar. Hay que utilizar el GPS para encontrarlos en los supermercados, porque siempre están al final del final del último pasillo, ocultos tras carteles de ofertas para tentarnos. Hay tantas variedades, precios y tamaños que se necesita un calibrador para elegirlos. Los ecológicos vienen con paja y hay que revisarlos por si están rotos. El transporte es delicado, necesitan mucho aceite, la puntilla se quema en cuanto te descuidas y dejan la encimera hecha un cristo. Por eso, una vez puestos, es mejor freír treinta y congelarlos para ir consumiéndolos entre semana. Se rieron de mi idea cuando la propuse en esta columna hace años. Lo mismo le pasó a Javier Yzuel, pero, tras muchas pruebas, su empresa alavesa, Food Style, ha patentado un método para ultracongelarlos una vez fritos y le han hecho un pedido de 1,5 millones de unidades. ¡Manda huevos!
Josetxu Rodríguez @caducahoy