lunes, 29 de febrero de 2016

RTVE RIP. Los directores abandonan el barco.

SI me pongo a pensar, con precaución para que no se disloque una neurona, es posible que recuerde cuándo fue la última vez que Televisión Española me resultó útil. Debió ser, más o menos, en la posguerra o en el posfranquismo prefelipista. Lo que sí podría asegurar es que fue un domingo por la tarde. Me habían regalado un despertador y lo puse en hora aprovechando el inicio del Telediario. Las 3.00 en punto, justo cuando salía el señor de bigote y camisa de funcionario. Desde los relojes de las catedrales hasta los de sol y, por supuesto, el meridiano de Greenwich se ajustaban en ese momento. Con eso les digo todo. 
Esa tele de la Seguridad Social, que lo mismo presidía la mesa de la cocina de hogares humildes como la sala de un ministro del régimen, tenía tres cosas buenas. Una era esta y de las otras dos no me acuerdo. Desde entonces aquí, ya se saben la historia. Salvo unos cuantos momentos estelares, que los tuvo, todos los que han pasado por allí la han usado a su conveniencia. Ahora es un ente abstracto, maltratado, que huele a naftalina y a perfume barato. 
Su último director, experto en manipulación, acaba de dimitir. Podría pensarse que por vergüenza. Pero qué va. Creo que tras hundirla hasta un 10% de cuota, se siente incapaz de batir ese récord. Quizá nombren a Carlos Herrera o a Carlos Dávila para que lo intenten. O a Marhuenda, que seguro que lo consigue.

Josetxu Rodríguez  @caducahoy