lunes, 19 de octubre de 2015

La localización de las lorzas no altera la tara


gatos obesos,

LLEVAN años así. Echan un vistazo y con ojo clínico y cierto tono de preocupación preguntan: “Has adelgazado, ¿verdad?” Si fuera cierto, para estas fechas tendría que haberme desinflado como un globo y sería un montoncito de piel y huesos en un rincón. Una especie de disfraz de Superman deshabitado. Suelo contestarles que me encuentro bien, que no se preocupen, que puede que se hayan pasado con el Photoshop... Y tengo que morderme la lengua para no hacerles ver que quizá sean ellos los que han engordado en exceso y que eso también me preocupa. 
Por lo común, adelgazar está asociado a enfermedades con mal pronóstico, mientras que coger kilos es, equivocadamente, un signo de fortaleza. Debe ser culpa de los genes heredados de la Guerra Civil que llevamos incrustados en el ADN. Concretamente, entre el eslabón 1936 y 1939. Lo que no mata engorda. Por lo tanto, la obesidad nos aleja de la muerte. 
No es mi caso. Desde hace muchos años peso lo mismo: 73 kilos. Uno arriba, uno abajo. La única evolución es que algunos de ellos cambian de lugar y se acumulan en la cintura. Pero como saben, el orden de los factores no altera el producto, o dicho de otra forma, la distribución de las lorzas no altera la tara. No obstante, creo que tendré que revisar la báscula del baño porque el domingo se subió el gato y también pesaba 73 kilos. Demasiada coincidencia me parece.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy