martes, 21 de julio de 2015

El difícil arte de elegir algo artístico para el portal


AHORA que Bilbao brilla con los grafitis de Basquiat y la tómbola de Jeff Kooms, cima y sima del arte, los vecinos hemos decidido decorar el portal con alguna obra plástica de mediano formato. La asamblea dio su apoyo total, pero poco más. Es lo que pasa con los grandes proyectos, que se estropean con la letra pequeña y se acaba a boinazos. 


Alguien, amante del realismo cinegético, planteó comprar el cuadro del ciervo perseguido por los perros, pero la del 5º le llamó asesino y propuso como alternativa el arte vegano de un bodegón con alcachofas. Como no hubo acuerdo, el portero ofreció una marina que había pintado su sobrino, un embrión de artista que sufrió un aborto, a juzgar por la obra. Al primer vistazo parecía Plentzia, pero, si te fijabas, era la charca tóxica de Aznalcóllar con sus aguas grises, rojizas y verdosas. El portero le defendió diciendo que era el crepúsculo de un día gris con mar de fondo y algas en suspensión, pero nadie le creyó. Tomaron la palabra los partidarios del arte minimal, que sugirieron una pequeña intervención: quitar las telarañas del techo. Y los cubistas, por su parte, plantearon una instalación para colgar las fregonas. Se les ignoró. Al final, pusimos un póster de Ikea con una vista de Fjälkinge, cerca de Lövbacken, que desapareció a los pocos días. En mi opinión, lo robaron porque el marco estaba pintado con purpurina y parecía metálico. Estará en el salón de recepciones de algún garbigune, el lugar que le corresponde.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy