lunes, 27 de abril de 2015

Las barbas y yo, sucesivamente

columna Josetxu, barbas,
S0Y barbudo por naturaleza. Según dicen, me comenzó a crecer muy pronto, porque mi ama recuerda que le hacía cosquillas en la barriga. En las fotos del libro de familia ya pueden apreciarse los primeros tres pelos. Unos años más tarde, en la cartilla escolar, se atisba perfectamente la incipiente pelusilla bajo la nariz que se convertía en un bigotito blanco con el tazón de leche. 
La naturaleza siguió su curso y, en la adolescencia, ya no había quien controlara aquel torrente capilar que se desbordaba a su libre albedrío. En poco tiempo, una espesa mata de pelo negro me cubría la cara como a esos perros a los que hay que dar galletas para saber en dónde tienen la boca. 
Desde entonces, no me ha abandonado nunca. Apenas algún paréntesis en verano, cuando la cortaba para ver si seguía siendo el mismo y me reconocía en los espejos. Mi barba ha ignorado modas y permanecido fiel a su idiosincrasia mientras todo mutaba a su alrededor. Un apoyo en tiempos convulsos. Un asidero ante los vendavales de la historia. 
En los 70 la tacharon de hippie y, más tarde, de rastafari, seminarista, indi, comunista y así, sucesivamente, hasta llegar a hipster. A ella y a un servidor nos da igual. Vamos juntos a todas partes sabiendo que, más pronto que tarde, su pelo se teñirá de blanco y, entonces, solo habrá un adjetivo para calificarla: venerable. No es mal final para un camino tan largo.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy