viernes, 18 de abril de 2014

Elogio del medicamentazo




AHORA que la marejada del medicamentazo ha amainado, ya puedo decir sin que me lapiden que, en mi caso y en mi casa, la medida ha tenido tres efectos positivos. 
El primero de ellos es que las medicinas van a curar más, ya que, como todo el mundo sabe, cuanto más cara es la cosa más efecto produce. A la homeopatía me remito. Además, eso no lo digo yo, que soy un mindundi, lo dicen los psicoanalistas, que en sus minutas siguen a rajatabla este axioma para arruinar a los locos y que no puedan andar por ahí tomando pintxopotes


Otro de los efectos beneficiosos ha sido la desaparición del cuarto de baño del armarito de las medicinas, una especie de almacén químico colgante que para sí habría querido madame Curie. Personalmente, siempre lo he mirado con recelo: en una de mis pesadillas algunas de las sustancias que contenía se mezclaban por accidente y, tras la consiguiente explosión, yo salía volando por la ventana sentado en el inodoro. Por no hablar de las veces que he estado a punto de limpiarme los dientes con la crema depilatoria de mi pareja.

El tercer efecto favorable es la vuelta a los métodos tradicionales para recuperar la salud, que suelen ser muy efectivos por que han sido depurados durante siglos con el infalible método de "lo que no mata, engorda". En cuanto al ahorro para las arcas del Estado, es una mera anécdota. Si de verdad quisieran ahorrar, las pastillas se venderían como los tornillos, en paquetes de 2, 5, 10 o 50. Con eso bastaría.
Josetxu Rodríguez