viernes, 28 de marzo de 2014

Los maduros las prefieren verdes




ES sorprendente la cantidad de hombres maduros que, a punto de jubilarse y dejar el consejo de administración, la dirección general o el ministerio, deciden abandonar a sus esposas de toda la vida para largarse con jovencitas lactantes que les llevan a patinar al parque y a ver conciertos de Miley Cyrus. Basta echar un vistazo a las revistas del corazón para hacer una estadística fiable. Cabría preguntarse qué es lo que ven las lolitas en los hombres de sienes plateadas que no aprecian los efebos en el relleno facial con ácido hialurónico. ¿Por qué es relativamente frecuente encontrar abuelos con parejas que parecen sus nietas y no a mujeres maduras con mancebos incansables? 
Hay quien dice que las jóvenes, más que seguridad económica o posición social, buscan la protección de la edad, aunque esa protección también la brindan los jubilados de La Naval y no conozco a ninguno emparejado con una veinteañera. 
Sentada la base de que a cierta edad a muchos hombres les tienta la idea de encontrar al despertarse unas Nike bajo la cama y unos leggins junto a sus corbatas, no hay razón para que a ellas no les suceda lo mismo. Solo cabe una explicación para este fenómeno de invisibilidad: los hombres alardean de este tipo de relación y ellas la disfrutan en la intimidad. Salvo Liz Taylor o Zsa Zsa Gabor, que tuvieron ocho maridos sin despeinarse. Alguien dijo que por querer hacer las cosas de forma decente y casarse con los hombres con los que se acostaban.
Josetxu Rodríguez