martes, 18 de marzo de 2014

La obsolescencia programada de la mujer

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La niña dice que no quiere ser mujer. Que la adolescencia tiene un pase, pero que la madurez es un auténtico rollo. Y yo le digo que se lo hubiera pensado antes, que ahora su condición femenina ya no puede devolverse porque ha caducado la garantía y está usada, dicho en sentido figurado. O al menos eso espero. 

Pero ella responde que tiene derecho a quejarse porque nadie le había informado de los inconvenientes, de los daños ocultos, ni del estudiado plan de obsolescencia programada instalado en la vida de una mujer, como ese de los coches, que permite saber con total precisión cuándo van a fallar. 
Y le pregunto en qué basa su teoría y cómo ha dado con ella si se pasa las horas muertas viendo anime japonés en extraños canales televisivos. Y es precisamente la pantalla quien le ha abierto los ojos con sus anuncios en los que solo aparecen mujeres que pierden orina, tienen hemorroides, migrañas, estreñimiento, sinusitis, gripe, flacidez, sofocos, celulitis, obesidad y manchas de edad en la piel. Que se deben gastar fortunas en productos que solo sirven para ponerlas en forma y que puedan volver rápido al trabajo y luego hacer disfraces de castor a sus tres hijos o subir bolsas de la compra a casa que deslomarían a un estibador. 
Los hombres, en cambio, solo sufren ligeros resfriados o colesterol, toman una pastilla o un yogur, y pueden seguir escalando la montaña o tomando cañas con los amigos. Y la verdad, como no sé que decirle, le pido que apague la televisión. 
Josetxu Rodríguez