domingo, 29 de septiembre de 2013

Esos revisteros de las consultas médicas...


PARA un ojo avezado, el análisis de las revistas de las salas de espera de los médicos dice más del galeno que su amplio currículo o su competencia profesional. He conocido consultas que tenían empapeladas las paredes con diplomas, premios honoríficos y másters profesionales, en cuyo revistero aparecía Belén Esteban en su despedida de soltera. En esos casos me preguntaba: ¿Cómo va a saber este hombre lo que le pasa a mi corazón si ni siquiera conoce la tragedia de Ambiciones?
Pero no se engañen, que estos no son los peores, sino aquellos que simplemente tiran sobre la mesita de formica las publicaciones médicas que les envían los laboratorios. De esta forma, los pobres individuos que recalamos con un dolorcillo extraño podemos acongojarnos ojeando cómo le extirpan a alguien un testículo o con qué facilidad le crece a un chino una hermosa nariz en la frente. 
Por supuesto, nunca he encontrado un periódico, ni siquiera atrasado, fenómeno que podría estudiarse en la facultad de Periodismo si allí se estudiara algo de provecho. Porque un diario es fácil de encontrar, incluso en los retretes de los locales más abyectos suele haber uno. Algún día aprenderán que una buena hemeroteca atrae usuarios y, si no, que se lo digan a mi mecánico de cabecera que me ganó como cliente porque estaba suscrito al Interviú del automóvil donde aparecían espléndidas fotografías de motos desnudas enseñando la carrocería. Y eso es otra cosa, la verdad.