viernes, 2 de agosto de 2013

Gorilas o grillos, esa es la cuestión




UNA de las frases que más ha dislocado mi trayectoria vacacional se la escuché a una pareja de recién casados que, agarrados de la mano, miraban abatidos el horizonte del Mar de la China. Yo chapoteaba junto a la orilla en un agua turbia, como un picatoste en medio de una sopa de verduras, cuando una medusa me abrasó el brazo con sus colgajos venenosos. Salí del agua maldiciendo y, al pasar junto a ellos, oí que la chica decía: "Echo de menos la playa de Gorliz...". 
Aquello fue una revelación y sentí que alguien había conseguido verbalizar uno de mis sentimientos más profundos. Estábamos a 16.000 kilómetros de casa, habíamos pasado 17 horas metidos en un avión y después atravesado la península malaya en autobús y, ahora, acababa de descubrir con lágrimas en los ojos que no era la única persona que en aquel lugar echaba de menos la playa de Gorliz. 
Desde entonces, el kilometraje de mis viajes se redujo drásticamente. Ahora veo a los demás cargados de folletos, haciendo encaje con las rutas aeronáuticas y poniéndose extrañas vacunas quizás más nocivas que las enfermedades que combaten y no siento ninguna envidia. 
Por ejemplo, mi amigo Luis, en ocasiones incapaz de localizar a su gata en el jardín, se va al Congo a rastrear gorilas por la selva ayudado por la señal GPS que envía un satélite. Espero que tenga suerte. Mientras tanto, yo perseguiré grillos por las campas cercanas y karramarros por el litoral y no necesitaré ni siquiera una brújula.
Por Josetxu Rodríguez