lunes, 24 de junio de 2013

¿Profesores en fuga?



JUNTO a la de mercenario, piloto de fórmula uno y periodista de la prensa del corazón, una de las profesiones más arriesgadas del mundo es la de maestro. Me lo confirma Emilio C., un veterano de la Guerra de Magisterio condecorado en varias ocasiones por su valor ante las huestes de preescolar, experto en defensa antiadolescente y herido en la batalla de bollicaos que asoló el comedor de su colegio en la campaña de 2007. 
Esta especie de coronel docente, que se enfrenta a diario a una inagotable infantería enemiga, confiesa que todavía le tiemblan las piernas cuando se da la vuelta para escribir en la pizarra y siente que tiene 30 pares de ojos clavados en la espalda. "Bueno, -puntualiza- 30 pares de ojos y un puntero láser que nunca se sabe si proviene de un llavero o de la mira telescópica de un fusil de asalto M-16". 
El bueno de Emilio me explica lo difícil que es enseñar algo cuando has de pasarte el día a la defensiva ante toda una generación de bestezuelas que han crecido sin bridas. Pese a que las hostilidades no han llegado al nivel de Gran Bretaña o Estados Unidos, donde se pide a los alumnos que no agredan al profesor, al menos, hasta que la clase haya terminado, los sindicatos de la enseñanza ya han alertado sobre los estragos que causa el estrés de combate entre la profesión. 
Convendría tomar nota de la advertencia, no vaya a ser que el día menos pensado el profesorado se rinda y no vuelva en septiembre. ¡Dios no lo quiera!
Josetxu Rodríguez