jueves, 13 de junio de 2013

¡Que te duermas, coño!


SI usted no ha oído hablar del doctor Estivill, es que forma parte de ese grupo de afortunados que a las cuatro de la madrugada están durmiendo y no sobrecogidos ante un bebé que golpea los barrotes de la cuna con un martillo musical con la misma saña que lo haría un capo de Alcalá Meco al que no se le permite ver el episodio de “Sin tetas no hay paraíso”.
El doctor Estivill es el autor de “Duérmete, niño“, un método que permite practicar exorcismos sobre pequeños que, a partir de las diez de la noche, parecen poseídos por el espíritu de un gremlin epiléptico.
Fundamentalmente, se trata de un ritual en el que usted debe asumir el papel de un coronel de marines cuya jubilación dependiera de su capacidad para convertir a un psicópata lactante en un angelito rubio que anuncie pañales en televisión.
El doctor, que dice conocer a los niños como si los hubiera parido, promete tres noches de sangre, sudor y lágrimas antes de alcanzar el éxito. La norma básica es dejarle llorar y cada cinco minutos acercarse a la cuna y decirle: «Cariño, te quiero mucho, pero es hora de dormir». El efecto que produce esta frase es similar al del agua bendita sobre los endemoniados porque el bebé, para que le cojas, será capaz de ponerse azul, vomitar e incluso girar la cabeza 360 grados. Le puedo asegurar que si usted resiste estos envites, habrá ganado la partida. A mí no me funcionó con mi hija, pero sí con mi mujer los fines de semana.

Josetxu Rodríguez