lunes, 29 de abril de 2013

La niña quiere hacer la comunión de marine




LA frase sonó alta y clara. "Yo quiero hacer la comunión como mis amigos Borja Mari y Jessica Lexuri". El deseo de la niña, manifestado con los brazos en jarras delante de la televisión, les sorprendió sin llegar a molestarles. A fin de cuentas, ellos no eran como esos padres descendientes de la estirpe de Lenin que dan la murga con el opio, el pueblo, el fútbol y la religión; simplemente, flotaban en un sopicaldo agnóstico bastante cómodo y funcional.
 "Si quieres hacer la comunión, la harás, no te preocupes", le dijo él con la voz que se usa para decir estas cosas. "¡Sí, pero de marine!", replicó la pequeña dando un taconazo en el suelo con cierto aire marcial. "¿De marine? Pero, ¿qué dices?" Intentaron convencerla de que no era apropiado ir a la iglesia con un traje de camuflaje. "Al cura le costaría encontrar la boca y podría meterte la hostia en un ojo", argumentaron. Además, tía Luisa, que iba para monja y se quedó en solterona, pondría el grito en el cielo. Ella replicó que si sus amigos podían ir de marineros, ella tenía tanto derecho como el que más y explicó que había escondido el mando de la tele... 
Como suele ocurrir, al final la convencieron -con dinero- y fue a la comunión con su vestido blanco de organdí. "Mírala -dijo el padre- toda de blanco, con los invitados tan elegantes, las flores y desfilando por el pasillo. Parece una novia". "Y encima sin cargar con el novio de por vida", exclamó la madre, siempre tan práctica.
Josetxu Rodríguez