viernes, 29 de marzo de 2013

Las fotos de carné y las cacofonías iconográficas





Como podéis observar en las imágenes, las perrerías de los fotógrafos de carné no tienen fronteras

NO deja de asombrarme la habilidad que tienen algunos fotógrafos para reflejar en su trabajo lo peor de nosotros mismos. Concretamente me refiero a ésos que perpetran las fotos para el carné de identidad o de conducir como si estuvieran ilustrando el libro de familia del destripador de Yorkshire. Dado que la imagen va a permanecer diez años en el documento, uno se acicala lo mejor que puede para conseguir una retrato digno: se corta el pelo, se plancha la camisa y se da una ligera mascarilla para cubrir las imperfecciones de la piel. Luego van los tíos y te colocan la luz de tal forma que parece que tienes la nariz torcida, los ojos llenos de legañas y que babeas por la comisura de un labio. 
No es que me quite el sueño, pero me fastidia que sea mi peor cara la que tenga que mostrar a la autoridad competente para que haga mofa y escarnio antes de cascarme una multa. Es fácil imaginarse la situación: te paran en un control de alcoholemia y oyes gritar al ertzaina: ¡Sargento!, mire este macarra de la foto que pinta de buena persona tiene en la realidad... Y no exagero
 Para que se hagan una idea de cómo trabaja mi fotógrafo de cabecera les diré que si hubiera sido cirujano todos le considerarían un buen carnicero. Sus obras son una especie de cacofonías iconográficas que muestran al individuo de forma tan desgarradora que hasta la madre del hombre elefante se hubiera conmovido al verlas. Ya ven.
Josetxu Rodríguez