miércoles, 9 de enero de 2013

Yo quiero ser francés como los franceses


Yo quiero ser francés y no sé por qué. Desde luego no es porque tengan la antena de radio y televisión más famosa del mundo, no. Ni por el ‘‘francés’’. Ni porque hablen como en las películas de ‘‘Robespieggg’’. Quiero ser francés a tontas y a locas, así, de pronto.
Y la razón no es que me guste el queso oloroso, ni untar la baguet con paté a las fines herbes, ni la ‘‘Nouvelle cuisine francaise’’, cuyo lema mundialmente conocido es ‘‘Nada en el plato, todo en la factura’’. No es por eso, no. Yo quiero ser francés porque me lo pide el cuerpo. Es un impulso, un anhelo. No sé cómo definirlo, pero es así.
Y eso que Francia está llena de franceses, hay que reconocerlo. Si ustedes visitaron el país antes de 1982, ya saben a qué me refiero. Ese mirar por encima del hombro, ese tono despectivo, esa trato disciplente como si hablaran con alguien que viaja para ver películas eróticas... ¿se acuerdan? Bueno, pues a pesar de todo, quiero se francés.
Creo que tampoco es porque inventaran la guillotina, ni por la resistencia, el mayo francés, Asterix y Obelix, Louis de Funes, Sartre o Zidane. Qué va. Yo quiero ser francés porque están vivos. Porque luchan por sus derechos. Porque salen a la calle y no esperan en su jaula a que les caiga la subvención del alquiler, el bebé o el piso de VPO para complementar los 1.000 euros miserables. Yo quiero ser francés como los franceses. Eso sí.