miércoles, 16 de enero de 2013

Los dioses de la alopecia


En este mundo dominado por el lactobacilo acidófilo y los cuerpos danone, la calvicie ha estado a punto de convertirse en el estigma de Caín. Hasta hace cuatro días, ser calvo era poco menos que ser un personaje sospechoso:
- ¡Mira! ése es calvo.
- A saber qué habrá hecho...
En algunos casos la alopecia se asociaba a la enfermedad grave o al vicio solitario y, en el cine, los malos eran calvos como Yul Brynner e incluso calvos y verdes como Fantomas. Por tanto, es comprensible que durante años algunos se hayan dedicado a ocultar su calvicie por diferentes métodos, en la mayor parte de los casos sin éxito.
Unos se ponían un peluquín y en cuanto pisaban la calle alguien decía:
- ¡Mira!, ese calvo lleva un peluquín.
Otros se injertaban pelo y nada más subir al autobús oían susurrar:
- ¿Has visto?, ese calvo se ha injertado el pelo.
Los más, dejaban crecer sus disminuidas parcelas capilares para intentar ocultar un inmenso campo yermo. Para ello se convertían en verdaderos expertos en la distribución de recursos llegando a cubrir su cráneo bajo una ensaimada de pelo.. Lógicamente, en cuanto aparecían en público todos pensaban:
- ¡Vaya ensaimada de pelo lleva ese calvo en la cabeza!
Pero desde que futbolistas, actores como Bruce Willis y jueces como Gómez Bermúdez decidieron lucir con naturalidad sus cabezas lustrosas, la tendencia cambió radicalmente. Ahora es el momento de mostrar nuestros cráneos privilegiados. El que lo tenga.

Josetxu Rodríguez