viernes, 15 de junio de 2012

¡Maldita cama....!

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MILENIOS de civilización y el ser humano no ha sido capaz de inventar algo para que las camas se hagan solas. Mi teoría, tan equivocada como la que más, es que no hay interés porque a nosotros nos da igual. Y hablo por mí y por todos mis compañeros.

Ascencio Zubeldia ha presentado un prototipo que estira las sábanas y las fundas, pero no soluciona su cambio, lavado y planchado. Durante años analicé el problema y deseché esa vía hace mucho. Buscando una solución integral, comencé usando periódicos pegados con celo. Evitaba el lavado y planchado pero, en las duchas del gimnasio, todos te miraban el culo para resolver el crucigrama impreso al revés. Pasé más tarde a los rollos de papel de cocina, que insertaba en el palo de una escoba colocada en el lateral. Cada semana cortaba el trozo usado, estiraba y listo. El método era caro y poco ecologista y lo dejé.

Más tarde cosí tres sábanas de diferentes colores que daban la vuelta al lecho. Dormía sobre una, y las otras dos quedaban ocultas bajo el catre. Los domingos giraba el invento hasta que aparecía el nuevo color. Estuve así hasta que los ácaros empezaron a tutearme.

Se me ocurrió lo de las sábanas de papel albal. Rejuvenecí dos años. Hoy tengo dos años menos de la edad que tendría Cristo si tuviera mi edad. Por no alargar más mi jubilación abandoné el método y me he comprado una cama de bolas como las del txiki park. Es muy alegre y cómoda. Por ahora, la mejor. Ya les contaré.
Josetxu Rodríguez