viernes, 2 de marzo de 2012

El Génesis modernizado



NO era un paraíso de primera división, pero estaba bien. En lugar de leche y miel, manaban cereales transgénicos y benecoles; los sueldos no eran muy altos, pero tampoco los precios; y se podía vivir con cierta holgura. Adán y Eva se dedicaban la mayor parte del tiempo al dolce far niente sin preocupaciones en el horizonte.

Un día llegó la serpiente y le susurró a Eva al oído que habían abierto una tienda de Zara con moda de diseño a precio muy asequible y, de pronto, ella tomó conciencia de su desnudez. Una semana después vestía unos minishorts encima de los leggins comprados con el dinero que le había prestado la serpiente. El reptil insistió en su campaña y no tardó en acompañar a Adán a un concesionario de vehículos de donde volvieron con un 4x4 tan potente que hasta las gallinas dejaron de poner huevos. Fue solo el principio. Llegaron los viajes pagados a crédito, la cueva dúplex en la costa, Gol TV y los cursillos de pilates.

El dinero parecía inagotable y su avaricia fue en aumento, tanto que un día decidieron acercarse al Árbol de los Apple, ese que Dios les había prohibido tocar. En la versión machista de la historia, Eva cogió uno de los frutos, concretamente un iPhone, y se lo regaló a Adán, que empezó a comprar aplicaciones a destajo. El final de la historia ya lo saben ustedes: Dios les expulsó del paraíso y les condenó a parir con dolor y a ganarse la vida con el sudor de su frente. ¡Y no dijo nada de los créditos, que parecemos tontos del culo!