sábado, 31 de diciembre de 2011

Aquí hay gato encerrado


HAY gato encerrado, de eso no cabe duda, porque hace meses que no veo ninguno en Bilbao. Y no me refiero a los hidráulicos, sino a esas cuadrillas de felinos que merodeaban alrededor de los contenedores o se agazapaban bajo los vehículos para recibir el calor residual de los motores. ¿Perdieron la guerra con los perros y fueron expulsados de la ciudad? ¿Han sido las palomas y los mirlos quienes han conseguido echarles? ¿Azkuna, quizás, con su desmedido afán de limpieza?

Caben otras explicaciones aún más inquietantes: que los haya secuestrado una mafia para surtir a la industria clandestina de producción de vídeos de mininos. Miles de televisiones y de páginas web mantienen sus audiencias gracias a las enternecedoras imágenes de estos animalitos haciendo tonterías.

Me preocupa, también, que sea cierto eso de que "Cada vez que alguien se masturba, Dios mata a un gatito". Si esa fuera la causa, la vida sexual de la ciudad dejaría mucho que desear y tendría que monitorizarnos la doctora Ochoa. Sea cual sea la razón, descarto sin pestañear que nos estén dando gato por liebre porque, haya crisis o no, ya nadie come liebre.

Para ser absurdo, prefiero pensar que el gato Tomassino, que heredó al morir su dueña una fortuna de 10 millones de euros, les ha invitado a todos al Caribe, al mismo hotel donde se aloja Pancho, el perro que se fugó con el cuponazo de su dueño. El caso es que no hay gatos en Bilbao y los echo de menos. Una ciudad puede ser limpia y acogedora, pero si no tiene gatos, no puede demostrarlo.

Josetxu Rodríguez