domingo, 6 de marzo de 2011

No odio a los prejubilados…aún no



NO odio a los prejubilados. Todavía no, pero no sé por cuánto tiempo podré contenerme. En principio depende de ellos y de su actitud. Estoy seguro de que se han ganado el retiro anticipado con creces, pero no pueden ir por ahí provocando con las manos en los bolsos y ese aspecto moreno y saludable de quien pasea sin preocupaciones. "Joder, qué rabia, dicen, otra vez es domingo y están todas las tiendas cerradas". Es como ponerse a jugar con nudos corredizos en casa del ahorcado. Me encuentro con uno y confiesa con una sonrisa socarrona que llamó a los excompañeros para decirles que iba a cogerse un puente: concretamente desde el 2 de enero al 30 de diciembre de este año, pero que pasaría por la empresa el 16 de diciembre para coger la lotería y que ese día lo consideraba trabajado. Tendrán que reconocer que tiene delito.

Yo, la verdad, prefiero evitarlos para que no me den envidia con sus viajes de Adineko. "Acabo de llegar de Turquía, dice otro, y el más viejo del grupo era yo, que tengo 57 años". Ahora ya no les llevan a bailar a Benidorm. Están en tan buena forma que les organizan descensos de cañones, puenting, parapente nudista y escalada vertical sin cuerdas. Y claro, me miro a mí mismo, por mirar a alguien, y me veo trabajando hasta los 67 años en el mejor de los casos, todo cascado, en una sociedad geriatrizada y sin recursos, en la que el paseo de la habitación al hall de la residencia se considerará una excursión de día y me deprimo. No sé si a ustedes, los postjubilados, les pasará lo mismo.

Josetxu Rodríguez