martes, 26 de marzo de 2013

Ellas visten al marido como a un muñeco


ADEMÁS de demostrar una amplia pericia en disciplinas tan dispares como la economía del cristasol, la estiba del armario ropero, la pediatría del curasana culito de rana y el tratamiento de los pucheros en el adulto estresado, las amas de casa cumplen una importante labor social como asesoras de imagen de sus maridos. Coloquialmente ellas denominan a esta función «vestir al muñeco».
La mayor parte de los individuos de mi sexo (masculino) y de mi generación descubrían al llegar a la mili que la ropa de vestir no aparece en los armarios lavada y planchada por generación espontánea. El hecho era tan desasosegante para algunos que, en cuanto volvían, se casaban. A partir de ahí, su compañera se hacía cargo de las tareas de la madre y comenzaba un ciclo que se ha venido repitiendo desde el principio de los tiempos:
 

-Eva, cariño, decídete que ya siento el relente. 
-Adán, qué impaciente eres... No sé. La hoja de higuera te sienta bien pero la de parra me parece más de entretiempo y además regalan unos zarzillos para las orejas. Cómete esta manzana mientras decido...
Desde entonces, el 99 por ciento de los hombres nunca se ha comprado la ropa solo, lo que en la mayor parte de los casos es un alivio para la vista, y en otros, la forma que ellas tienen de vengarse del marido:
 

-¿Estás segura de que esta camisa de cachemir me va bien con los pantalones de cuadros escoceses?
-Cucurrucu, te va genial. Vas a ser el centro de atención...

Josetxu Rodríguez